23.4.10

Viaje al conocimiento prohibido: escritura y comunidad del aprendizaje (inconcluso)




Reencontré este texto que escribí por ahí del 2004 ahora que hice el Taller de observación, participación e investigación en la comunidad del aprendizaje, con el proyecto de cognición distribuida en la UPN.


El yo como instrumento

Según Eisner el yo –la primera persona del singular- es un rasgo de la indagación cualitativa que “da importancia a la sensibilidad y la percepción en el contexto de la investigación cualitativa... (ya que) los rasgos que se incluyen en un grupo no llevan una etiqueta colocada en la manga: no se anuncian a sí mismos. Los investigadores deben observar lo que tienen ante sí, tomando alguna estructura de referencia y algún conjunto de intenciones. El yo es el instrumento que engarza la situación y le da sentido”. (Pág. 50)

En el caso de los expertos el “yo” como instrumento: “sabe qué debe rechazar. Saber qué rechazar significa tener un sentido de lo significativo y poseer una estructura que haga eficiente la búsqueda de lo significativo”. Estas dos características son las que denomina “sensibilidad y esquema”, las cuales, actuando en conjunto “proporcionan el método mediante el cual damos sentido a una formación cualitativa compleja”.

Entonces el “yo” es una “firma única” que proporciona “intuición individual a una situación”, lo cual en opinión de Eisner tiene más valor que la “uniformidad y la estandarización” de la investigación anónima. Por último nos advierte que la “apreciación de la intuición personal como una fuente de significado no es una licencia para tomarse libertades. Los críticos educativos deben proporcionar evidencias y razones”.

En las aulas camaleón el “yo” se privilegia, por lo menos con el uso de la primera persona, en diferentes instrumentos escritos. Voy a concentrarme en los instrumentos que elaboran el docente y los alumnos, sin tocar en esta ocasión los que producen los co-docentes. La autobiografía, las reflexiones, las tareas, las autoevaluaciones y los comentarios del docente se escriben regularmente en un estilo personal, donde quien escribe se dirige explícitamente al alguien que lee.

Los intercambios de textos personales tienen varias características generales a tomar en cuenta. En primer lugar su escritura y lectura se realiza casi exclusivamente fuera del espacio físico del aula, en la computadora personal, de la escuela o en el café Internet. En segundo lugar, los textos son tomados en cuenta para la evaluación y calificación del curso, lo cual cambia dependiendo del grupo y el docente, pero les da cierta semejanza con las tareas que normalmente solicitan los profesores. Esto nos lleva a una tercera característica, los textos son elaborados por personas que pertenecen a un grupo escolar inserto en la institución, cuyas responsabilidades académicas y sociales no terminan ni empiezan en el aula camaleón.

¿Qué implicaciones para los sujetos participantes tiene este aspecto de relación personal en la utilización de los instrumentos? O al revés ¿qué implicaciones tiene para los instrumentos de la comunidad de aprendizaje el llevar la “firma única” de la “intuición personal” de los participantes?

Utilizaré un caso, el intercambio entre una alumna y yo, para reflexionar sobre estas implicaciones. Haré una reconstrucción a través de mi propia perspectiva como participante, utilizaré mi memoria sobre lo que ocurrió, los sentimientos que tuve, las atribuciones que hice, las ideas que surgieron. Los datos que presento pertenecen al semestre pasado, curso de Procesos Grupales y Enseñanza.


Autobiografía: 1/38

Generalmente el docente en un nuevo curso universitario se enfrenta al trato con un grupo de alumnos desconocidas, un grupo de personas que asisten a las clases. Cuando uno tiene en mano las autobiografías de 38 alumnos-personas empieza una necesidad por relacionar el texto a una persona viva (su rostro, su imagen, su voz). Manuel trata de sortear la inseguridad de leer autobiografías sin saber a quien pertenecen pidiéndole a los alumnos que incluyan una fotografía. Yo me he negado a este procedimiento por simple necedad, pero ahora empiezo a ver que la vida de la persona-alumno no aparece más rápido contando con la fotografía del rostro.

Incluso uno puede tener una relación por escrito muy diferente a la que tiene en el salón de clase, igual o de mayor intensidad, y seguir sin poder relacionar los textos con la presencia de la persona, pero, y esto es trascendental para mi experiencia desde la docencia, construir un intercambio por escrito personalizado, esto es donde yo reconozco a otro y soy reconocido al mismo tiempo (o por lo menos eso siento).

Mónica, mujer trabajadora con dos hijas casadas, joven abuela que le gusta practicar aerobics y entusiasta alumna, escribe sobre el uso del Internet y el intercambio personal:



al inicio del semestre se nos comunicó que se trabajaría vía correo electrónico, en un primer momento se me complicó un poco ya que no tengo acceso diario a mi correo a pesar de que hace tiempo ya lo tengo, sin embargo, cuando se lo manifesté a Emiliano me dijo que no era necesario escribir y revisar diario el correo. A la fecha no he tenido ningún problema y me he mantenido al pendiente del mismo. Considero que es un buen sistema ya que agiliza y ahorra mucho tiempo, porque lo que se ve a través del correo podría verse en clase pero se tendrían que dejar otras cosas pendientes, prácticamente se ven dos cosas al mismo tiempo, lo de la clase y lo del correo, solo es cuestión de que cada quien se responsabilice de su propia revisión y contestación y no perder el contacto.


Leer y comentar las 38 autobiografías es comenzar la posibilidad de construir otras 38 rutas singulares de intercambio personal sobre la enseñanza y el aprendizaje. Fue Juan Manuel quien tuvo la idea, hace varios años, de solicitar a los alumnos su autobiografía al inicio del curso. Hace poco le pregunté directamente cómo surgió la idea. Detiene su tarea frente a la computadora para dedicarse al recuerdo. Me dice que puede haber dos referentes, el primero fue la necesidad desde la docencia de buscar otro contacto con los alumnos: “sabía muy poco de ellos, me perdía en ubicarlos como seres humanos, individuales. No los conocía”.

El segundo referente es la lectura de la autobiografía de Jerome Bruner, “En busca de la mente”. Desde la visión de Bruner el presente del sujeto domina sobre las elaboraciones culturales que hace de sí mismo, pero al mismo tiempo los esquemas culturales de interpretación enfatizan la fuerza del pasado. Un espacio de práctica como la clínica psicoanalítica encauza los significados hacia el pasado, hacia la “arqueología” de la mente. Sin embargo, dice Bruner, es siempre a la luz de mis circunstancias actuales que interpreto los fósiles del ayer, a tal grado que el presente no sólo reconstruye lo que ya ocurrió, sino que lo moldea e inventa.

Cuando leí y comenté las autobiografías de este curso me interesó marcar en el texto algunos aspectos que simplemente llamaban mi atención. Algunos de estos contenidos marcados me parecían importantes pero no podía asignarles un significado particular, ¿qué importancia tiene para este alumno-persona lo que esta diciendo? ¿qué importancia puede tener para mi y para los otros alumnos esta forma de ver, esta experiencia, estas expectativas del alumno?

Sin embargo, cuando se está en curso no hay mucho tiempo para detenerse en estas consideraciones, o detenerse a considerar su importancia. Los intercambios se pusieron en marcha después de mi primer comentario y con el envío de mi propia autobiografía. Por momentos, los intercambios escritos resultaban una experiencia muy intensa. Como docente busqué desde un inicio establecer una empatía con los alumnos. Como parte de la comunidad de aprendizaje de la que formo parte, la intención de modificar la relación y la comunicación docente-alumno tiene una larga historia. Pero lo que sucedió con algunos alumnos de este semestre, en esa otra cosa paralela a la clase que menciona Mónica, rebasó lo que yo esperaba.

Fueron dos correos, enviados en la parte final del curso, los que me produjeron una intuición sobre lo que podía estar pasando. De ese momento a acá he estado revisando mis presupuestos sobre la relación docente-alumno. Sentí que, con unas pocas alumnas y alumnos, habíamos construido una manera de hablar distinta. Escuchaba expresiones de sentimientos, de preguntas, de ideas y de experiencias a través de voces que me resonaban, voces que tenían una entonación y un volumen que había ya oído, en otras aulas, pero que por primera vez sobresalían y podía, sino entenderlas, si sentir lo que me hacían sentir.

Carolina, casada y joven madre de dos niñas, fue quien escribió aquellos correos un mes antes de terminar el curso. Hasta ese momento ella no había participado del intercambio de reflexiones escritas, se había mantenido al margen. Lo que ella quería comunicar eran sus concepciones y temores al escribir en el contexto del aula. Escribir, la acción privilegiada por todo el sistema de evaluación escolar desde la entrada a la primaria a la edad de seis años. Escribir las tareas, las planas, los exámenes. En la universidad escribir ensayos, proyectos, resúmenes y más exámenes. ¿A quién le escriben, a quién le hablan los alumnos?

Entonces, un mes antes de terminar el semestre releí su autobiografía en busca de los antecedentes de la reflexión, y me di cuenta de cómo yo había seleccionado aquellos significados del texto que podía entender, y había marcado otros a los cuales no di eco.


El docente existencial

El que ahora me parezca indispensable indagar el curso desde su aspecto relacional-personal se relaciona con la experiencia de mi formación docente durante este semestre. Como algunos de ustedes saben entre en una especie de crisis existencial, que llamé “reconstrucción de la identidad docente”. Me inventé un espacio virtual de autocuración que denominé la “clínica de formación docente”. Del trabajo realizado en la clínica extraigo estas notas para caracterizar mi crisis:
 



Hoy pensé que el conocimiento envilece. Durante la asesoría con Paola puede notar la dificultad que tengo para escuchar a las personas, seguir sus palabras. Esta sensación ha venido emergiendo, me descubro pensando en otra cosa, y veo al otro como si el sonido estuviera en “off” mientras se dirige a mí. Intenté reenfocar los gestos, los ojos, la presencia viva del otro, en este caso Paola, con sus ojotes. Y mientras hacía esto me repetía a mí mismo “el conocimiento envilece, el conocimiento envilece”, como un “mantra” que me protegiera y guiara la interacción. Al salir de la Facultad pensaba “me gustaría no saber nada, no tener ningún conocimiento”. ¿Qué es el conocimiento?



 
Envilecer, según el diccionario es hacer vil y despreciable una cosa. Al perder la brújula del sentido de las acciones y la sensibilidad para escuchar al otro solo quedaba el conocimiento desnudo, como fin en sí mismo, una abstracción erigida contra la vida, envileciendo las relaciones de enseñanza aprendizaje. “Regresar al otro significaba regresar a mí”, eso me dijeron en la clínica de formación docente.

Un día en clase tuve un estallido emocional, decidí romper el silencio y hablar de mi vida interior como docente. Para ello había trabajado en la clínica un modelo de explicación de la crisis de identidad docente a partir de la enfermedad de Parkinson, como un sistema multiregulado. Hablé de mi mismo como un docente con discapacidad de enseñanza, y también de cómo el contexto producía discapacidades de enseñanza que atrapaban docentes. Yo sentí que, pese a todo este asunto conceptual (hablé desde las motoneuronas hasta la intersubjetividad) yo me abrí al grupo. La respuesta de algunos alumnos fue también en el plano personal y emotivo. Entonces vino la reflexión de Carolina.




Viaje al conocimiento prohibido

Vale la pena leer la reflexión completa:

¡Hola!
En los últimos momentos de este semestre decido comenzar a escribir, no sin antes haber huido por completo a esta actividad, que entre otras, considero una deshabilidad en mí. He pensado mucho al respecto y mi obstáculo y miedo es el considerar a la escritura una evaluación que en lugar de dar pie a la autorreflexión, retroalimentación y reelaboración, no fuera más que una forma de clasificar y de juzgar, es decir de calificar a los alumnos.
Quiero aclarar que sé muy bien que los escritos son tomados en cuenta por los profesores para el proceso evaluatorio, pero lo que trato de decir es que me encontré dentro de la contradicción ya que yo me considero un estudiante universitario, que más que pasar cursos desea una sólida formación profesional y personal y por el contrario, me doy cuenta que sigue arraigada, en no sé donde, la ansiedad de ser evaluada, criticada o cuestionada sobre mis conocimientos, saberes y habilidades, así como de mi ignorancia, mis torpezas y mis prejuicios. 
No estoy justificándome, tan solo estoy poniendo en práctica el resultado de la reflexión sobre mi saber-hacer y sobre mi sentir, con lo cual me percate de olvidar el propósito fundamental de la escritura: la comunicación con uno mismo y con los demás. Una comunicación que me permita la construcción de vínculos nuevos para el diálogo, la discusión y negociación de conocimientos, ideas, proyectos, sentimientos y también por el simple placer de compartir con los otros.
Mis ansiedades no se fueron del todo, pero continuo en la introspección, al escribir lo anterior surgieron dudas de seguir, pero no la impidieron, daré un paso a la vez.
¡Saludos!  Carol.    23 de mayo


Aquí está la primera persona del singular por todos lados, pero ¿lo que hace singular al texto es una forma de escribir? No, como participante de esta aula, como maestro y compañero de Carolina lo que vuelve singular el texto es la forma en que logra expresar el vínculo sutil entre la persona, el aula actual y la historia entre ambos. Creo que la primer persona del singular, la voz que habla desde el yo, no es simplemente un vehículo apropiado para expresar cualidades. En el contexto del aula esta voz está implícitamente censurada para el maestro y para la alumna. Existe una historia cultural y personal de silencio de los sentimientos, expectativas, deseos e incertidumbres. Carolina empieza un viaje de introspección, lleno de dudas, hacia algo que ella sabe pero que nunca ha expresado. El docente se da cuenta de que esta ruta no tiene un origen definido, no hay una causa que la provoque, su posibilidad es un tejido compartido, un cambio a nivel del sistema de relación. En mi comentario a su reflexión, comparto con Carolina la duda y un poco de la voz.
 

Hola Carol: me he estado preguntando ¿qué es aprender? ¿cómo palpar, reconocer el aprendizaje? Tus palabras escritas me hicieron recordar esta cita de Wenger:

“apoyar el aprendizaje no sólo supone apoyar el proceso de adquirir conocimiento, sino también ofrecer un lugar donde se puedan plasmar nuevas maneras de conocer en la forma de esa identidad”

No intentamos simplemente aprender mejor, tenemos derecho a aprender de otras formas, no escritas de antemano, impredecibles, que rompan nuestro sentido común de lo que es deseable. Aprendo que en esto se juega la persona, a pasitos que son saltos. Salud! Emiliano.
  
En la reflexión de Carol podemos ver estos enlaces sutiles que son la característica de la producción de sentido. Los enlaces que integra la reflexión hablan no sólo de la subjetividad única de Carolina, sino de una subjetividad compartida, propia de este grupo y esta aula. No sólo necesitamos que Carolina, la persona, nos exprese su experiencia, sino que el sujeto necesita también un contexto en el que se pueda expresar, un “clima” subjetivo que se construye en la relación.

El viaje de la introspección se produce aquí y ahora, utiliza instrumentos de comunicación y diálogo, está inmerso en una “red de significados”. Sin embargo, la dinámica de producción de sentidos no puede fijarse a una formula, ya sea individual o colectiva. En este curso, empezamos diferentes rutas de exploración del contexto como vivencia subjetiva, de la vida sentimental de las acciones y los discursos, de nuestra implicación íntima con el aprender y el enseñar. Esta ruta la menciona Carol en la entrada a su segunda reflexión:


¿Qué es más tentador conocer lo escondido o conocer lo prohibido?
No querer imaginar sino ver, no querer aprender sino saber
La oscuridad me ciega y me hace presa de mis más profundos temores
La soledad me llama
Es tan sólo la manera de encontrar mi camino.
Sin embargo, los caminos no son el destino sino que sirven para llegar a él.

 
Lo prohibido, en contraposición a lo escondido, tiene una connotación para la persona en el escenario sociocultural. La subjetividad en la escuela no se esconde se prohíbe. Tener miedo a escribir para el aula es un sentimiento que responde a la organización social de los sentimientos en la escuela, afrontar ese miedo es una actitud política. Carolina me habla de su “deshabilidad” para escribir desde la vivencia, y entonces puede “ver” y no sólo “imaginar” la forma en que el contexto (y su historia) contribuyen en la dificultad para escribir. Al contrario “la oscuridad” del aula la “ciega”, y coloca en un lugar pasivo (“presa”) frente a su propia subjetividad. Ella prefiere, “quiere” saber, saber más de este sutil y profundo vínculo de ella misma con el aula, y no meramente “aprender”. Encontró un camino.





2.3.10

La batalla contra la ideología de la evaluación



Grupo de la Universida de Granada abre la reflexión sobre la cultura de la evaluación en el marco de la discusión en su congreso local sobre un "sistema de evaluación externo" al sistema (sic).

Nos dirán que somos partidarios de la ineficacia. Nos dirán que nos oponemos al progreso. Nos dirán que los evaluadores son científicos. Les diremos que en realidad son místicos y que funcionan como una secta. Les diremos que llegó el momento de cortar por lo sano. Les diremos que la “cultura de la evaluación” atenta contra la vida escolar porque es una forma de control y de tiranía. Les diremos, en estos momentos históricos de reformulación de la política educativa, que la batalla contra la ideología de la evaluación es, hoy por hoy, una de las grandes causas de la humanidad.
Eso es todo! Como decimos en México. Bienvenidos además porque circulan por marcos distintos a nosotros, foucaultianos-lacanianos (ojo Homer, tu que le sabes).

Aprovecho esta entrada para avisar que ya están habilitados los comentarios. Saludos, y hasta luego.

9.2.10

La Jaula de las voces: la moralidad de la evaluación escolar


"tales acciones se irían haciendo cada vez más subversivas contra las instituciones del capitalismo y su moralidad" / Herbert Marcuse


Hay un sitio web llamado La Jaula que aloja chismógrafos de escuelas secundarias, preparatorias y universidades. Todas las personas que conozco que entran por primera vez se llevan un shock. Hay que ponerse en actitud despreocupada para seguir leyendo. La primera vez que vi el chismógrafo de la UACM fue por el pitazo de un buen cuate, que a risa y risa me indicó el link. Aparecía mi nombre completo (sin errores) en la lista de los “profes putos”. De ahí a la fecha me fascina de vez en cuando entrar a dar un vistazo a los chismes. Por ejemplo, he descubierto cosas increíbles sobre el rumor y la política en la universidad, pero serán tema de otro saco.

Nada amable en comparación con el sitio de facebook comentado en una nota previa, el chismógrafo de La Jaula es también un excelente sitio para capturar la impresión vocal del estudiante sin la mirada de la autoridad (de adultos, docentes o investigadores). Un lugar más parecido a los rayones en la paleta de madera donde se recarga el cuaderno, en el baño, o en el pizarrón cuando nadie mira.

El ejemplo que encontré en el chismógrafo de la UACM me sirve perfectamente como pretexto para la reflexión, pero también como alegoría: la evaluación es una jaula.

 
da clic a la imagen para ampliar 
 

De inmediato reconocí que yo soy el profesor al que se refiere la respuesta. Es mi materia, es mi plantel y mi nombre, bueno, casi mi nombre. Me sorprende y me entusiasma que el trabajo que realizo tenga esta resonancia.

Quien escribe primero, Anónim@, parece querer decir que una manera fácil de conseguir una calificación aprobatoria es consiguiendo los exámenes del semestre anterior, especialmente en el Ciclo Básico de formación. Por eso da las gracias a los maestros flojos y pasa el consejo a los que visitan La Jaula. Anónim@ habla desde la experiencia que el y la estudiante tienen todos los días de la escuela, de forma muy similar a los chicos de "para los q han dado una prueba sin saber nada!!"

El sentido de quien responde (Enmiano Ustedhaga Loquequiera) no es tan claro. “Eso le pasa por pendejos” debería referirse a los “profes flojos” de los que se burla el anterior, pero parece también referirse a los estudiantes que siempre hacen el mismo examen, pues explica que acá los “alumnos hacen un trabajo de creación muy creativo” y no un examen.

Es genial la impostura de mi voz en su voz: él o ella hace como si yo hablara, burlándome de sus compañeros estudiantes por hacer exámenes, solo para que la burla sea finalmente hacia mí mismo, auto-ridiculizándome. Pero al mismo tiempo, si me prometen que voy a pasar y hacer un trabajo creativo, ¿no es eso una buena propaganda para el proyecto?

Es casi seguro que quien hizo el comentario estuvo en un curso conmigo, es posible que no terminara, o no aprobara o incluso si lo hiciera.Viéndola bien, esta respuesta de mi doble bizarro parece dar en el clavo de lo que un(a) estudiante percibe como los rasgos distintivos del proyecto que tenemos en la universidad: a) no se hace examen-se hace un trabajo, b) si haces el trabajo pasas y c) no se revisan contenidos. 

Esto que parece tan local, porque tal vez no conozcas de qué trata el proyecto, no lo es tanto si nos guiamos por estos tres rasgos y la manera en que están tratando de abrir la jaula de la evaluación. Empecemos por el tercero: no revisar contenidos es una postura consciente de proponer un proceso educativo de co-construcción. Desde el momento en que se asume que la enseñanza-aprendizaje es por naturaleza  emergencia de lo nuevo, individual y colectivo, y por lo tanto se dejan de seguir metas pre-fijadas de qué aprender, entonces se está atacando el canon central de la escuela: la idea de que el aprendizaje se comporta de manera lineal.

Este enfrentamiento se vive por los participantes de manera actitudinal, en el sentido primigenio de actitud: expresión social de corporalidades. Miedo, incertidumbre, desconfianza son comunes en los estudiantes y profesores. ¿Dónde están los contenidos? Preguntan unos y otros. Como si de pronto el establishment educativo hablara por cada uno, reclamando "falta de objetividad", es decir, claridad desde el principio de qué se va a evaluar. Hasta argumentos democráticos se esgrimen para defender la práctica de saber qué conducta deberá realizar el estudiante para ser acreditado ("No es justo que el alumno no sepa desde el inicio del curso como se le va a evaluar")

Regresando al diálogo del chismógrafo, Anónim@ habla desde el sentido que este estado de cosas tiene para el estudiante: “dime cuál es la conducta que quieres de mí para poder acreditar”. Los alumnos parecen haber leído las taxonomías de Bloom. No existe la experiencia de participar en un proceso en el que algo de mi forma de ver, sentir o hacer el mundo se modifique. En realidad conseguir exámenes por detrás del profesor, como recomienda Anónim@, no es un acto amoral o sin ética. Lo que es amoral es una escuela que ha reducido todo al valor de acreditar mientras simula que enseña-aprende.

Me parece que Enmiano Ustedhaga Loquequiera (no puede dejar uno de reírse) expresa la vivencia de enfrentamiento. Me acuerdo ahora del concepto de experiencia de la periferia, que indica lejanía en un participante de la comunidad del aprendizaje sobre los significados centrales a esta, en especial sus metas y sus valores. Estar en la periferia es tener una noción de qué se tratan las cosas, pero un sentido disímil sobre a dónde se quiere llegar y para qué. Y eso es lo que me expresa la voz de mi doble bizarro.


Es interesante preguntarnos por qué dice que el docente aprueba a todos. Da la apariencia de que la evaluación y calificación está en manos del docente (las mías), un reverendo barco que a todos aprueba, y además el trabajo está papa, regalado. En los hechos, y en particular en nuestro proyecto de la UACM, la evaluación es compartida con otros docentes. El trabajo de indagación del estudiante es revisado, comentado y calificado por un docente “externo”. Nada más lejos de la realidad que el trabajo sea fácil. Los testimonios de los estudiantes que se involucran señalan nunca haber hecho algo tan difícil en la escuela, pero, y esto es lo rico, nada tan satisfactorio.

Dije antes que era cierto que todos los que hacen trabajo pasan, y esto es porque si terminan el trabajo solo puede ser porque recorrieron un camino de aprendizaje, involucrándose en el proceso. Es raro el chico o chica que presenta su trabajo a evaluación final que no esté en condiciones de acreditar. Lo que también es cierto y no se puede ocultar es que hay una gran deserción el primer mes de clases. Se trata de los estudiantes que dicen “yo prefiero hacer el examen, profe”.

Una anécdota sobre esto ya para concluir. Hace doce semestres, una alumna con la que me llevo bien estaba en este caso, habían pasado ya dos meses de iniciadas las clases, y me la encontré en el jardín. Me contó que ella y varios compañeros abandonaron la clase pensando hacer el examen, porque no les gustó lo de hacer una investigación y crear un blog en internet. Hicimos una pequeña reunión con todos los interesados para solucionar el problema, ella y otros decidieron regresar a la indagación, y otros tantos llevar asesorías para el examen.

Ella y tres compañeras más lo lograron, y en una entrevista final les pregunté con interés genuino por qué habían optado al principio por un examen. La respuesta fue unánime: el examen es horrible, no nos gusta, pero nos da tranquilidad ante la incertidumbre de hacer algo que no conocemos.


“por un momento pensé en realizar el examen y solo ‘pasar’ la materia, memorizar los conceptos y ya... Ahora estoy convencido que no importa la calificación que obtenga en la investigación realizada, pues el numerito solo crea ‘mascaras’ y ‘prestigio’ ante la sociedad, seguiré con mi formación autónomo, autodidacta, critico y reflexivo” Estudiante de la UACM
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