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17.11.14

Reflexiones para la asamblea de mañana:




En vísperas de que las asambleas universitarias deciden el paro indefinido,
en el contexto de creciente organización de estudiantes por todo el país,
bajo la criminalización burda y las detenciones arbitrarias,
después de varias marchas masivas y manifestaciones por todo el país,
en el marco de un toque de campana de consciencia ante la guerra de estado,
cuando el país está en llamas justo porque el presidente dice lo contrario,
primero por pistoleros de la PGJDF y después de cientos de granaderos que mantienen un cerco a CU,
colusión en una estrategia de terror de estado entre autoridades universitarias y capitalinas,
arroja lo siguiente:


inserta -o agudiza- el conflicto al interior de la asamblea interuniversitaria, y de cada asamblea local;
desvía la atención que debe estar puesta en la organización y mejora de las formas de diálogo entre løs diferentes;
polariza a mayores extremos a las comunidades universitarias;
de lo cual sacarán provecho las fuerzas de la autoridad universitaria: funcionarios, profesores conservadores y porros;
aterroriza a los padres y familias que sostienen económica y moralmente a los y las chicøs de 17-22 años que participan políticamente por primera vez;
atiza la criminalización de los cínicos en todos los medios de la dictadura;
extiende entre la población la indefensión frente a acciones de fuerza irracional de las fuerzas policiacas;
da pasto a los argumentos que dentro de la resistencia más general aluden a un movimiento limpio “pacífico” vs otro sucio “encapuchado”;
en total, además de los heridos de bala, los chicos detenidos arbitrariamente en la puerta de su casa, y por su puesto la perrita herida que debe decirse sigue con vida, el ataque a CU eleva las dimensiones de la lucha estudiantil a un nivel que pone al movimiento frente a un reto mayúsculo,
en algo que parece un giro de no regreso.
Todo lo anterior no es nada original, y seguro se dirá en los balances de las asambleas.


Quiero expresar a los compañeros y compañeras estudiantes un par de ideas sobre esta coyuntura:
la radicalización es inminente, pero vale la pena sentarse a charlar y pensar juntos ¿qué es lo que se ridicalizará?
¿cuál es el significado de lo radical hoy en día? ¿y de lo moderado?


La radicalización se expresa en las formas de lucha, en las formas y medios que toma la protesta y en la exigencia de unas metas de lucha,
la radicalización está en los dos lados, en los medios y en los fines, que están imbricados.
En mi humilde experiencia en las luchas estudiantiles he visto como las formas de lucha y organización se han estancado, se han ritualizado,
que lo más difícil resulta innovar la lucha, que muchos jóvenes se hacen viejos rápidamente y,
como profesores universitarios y adultos, censuran y anulan las ideas salvajes y locas que emergen de sus pares,
ideas salvajes e ingenuas pero genuinas de acción y organización que no cuadran con la TRADICIÓN,
esa tradición en la que solo unos cuantos que pueden dedicarse al activismo de tiempo completo se terminan asumiendo,
tradición que otrora con discursos extraídos de manuales marxistas o maoístas fundó prácticas de disciplinamiento que excluyen la diferencia,
(en lugar de usar a Marx etcétera para reimaginar su realidad)
tradición pues que excluye, sumándose a las prácticas de exclusión hiriente de todo tipo (género, clase, identidad, discapacidad, etnia, etcétera) contra las que se lucha.


La radicalización se asocia a acciones de fuerza, y esta claro (no confundan mi bandera) que frente a la guerra del estado contra todos nosotros,
donde la excepción (la gestión de la muerte) es legal, la lucha será éticamente justificada y legalmente criminalizada.
Sin embargo, las acciones de fuerza no son por sí mismas radicales,
incluso se vuelven conservadoras cuando están insertas en un movimiento excluyente,
un movimiento que no logra cambiar en sus formas de organización las formas sociales de la dominación que intenta enfrentar.


Es triste pero debe reconocerse que, como ha indicado hace poco Amaglio, el funcionamiento cotidiano de la universidad, sus clases y calificaciones:
¡No son educativas! El acto educativo empieza deteniéndolas, pero sobre todo subvertiendolas,
identificando que las aulas universitarias reproducen la marginación, que la verborrea académica justifica la estructura autoritaria de la dictadura,
bajo una investidura de verdad/poder epistémico que solo se sostiene del status quo.
Por ello subvertir la universidad es rescatar el conocimiento, la enseñanza y el aprendizaje de la simulación escolar,
y recrearlas en espacios de organización y lucha.
Esas son las armas que nuestros semejantes-que-no-tienen-oportunidad-de-acceder-a-la-universidad nos deben reclamar sean las armas con las que podemos aportar a la insurrección más general.


Finalmente, ya los deja este viejo, la guerra de Estado no se estableció ayer, lleva años instalándose soterradamente,
como las fosas clandestinas que desertifican todo el país: ¿por qué tendría que cambiar en unos meses?
La lucha es a largo plazo, tal vez sus hijos y nietos continúen con ella, tal vez nunca se gane nada.
Siento poner esta nota amarga en su frentes hermosas, jóvenes compañeros estudiantes.
En ese sentido, las acciones de fuerza se pueden convertir en acciones contra el propio movimiento porque en  determinadas coyunturas ayudan a las fuerzas del Estado a desmantelar la posibilidad de un movimiento más profundo, extendido, duradero e incluyente.
¿Qué es radical entonces? Ustedes dirán.
En la sabana africana, hace unos 100,000 años, cuando la especie humana se enfrentaba a la extinción día a día por la sequía, lo radical consistió en lo impensable:
llenar huevos de avestruz con el agua escasa y enterrarlos para tener reservas después.
Decía Taibo II en su novela Cosa Fácil: “mientras más difícil mejor, mientras más complicado más bello”.


Esa es mi aportación a la reflexión sobre qué es lo radical, y ya los dejo.


Con sinceridad y esperanza, Emiliano Urteaga Urías, in/docente en Casa Libertad, Universidad Autónoma de la Ciudad de México.










13.5.11

La piedra-miedo [Detenimiento en el cambio]



para @Eliseirena



Querida/o lector/a te pido que leas con detenimiento el siguiente diálogo:

A- Cómo mover una piedra gigantesca que obstaculiza todos los cambios necesarios

B- Tal vez solo hay que soltarla ;))

C- ¿Cómo quitar el miedo a la gente que se aferra a la piedra que la aplasta, porque cree que no se puede agarrar de otra cosa?


Me lo he traído aquí digamos mañosamente, al territorio de lo educativo en el que trabaja este blog. Lo he sacado de su contexto, la discusión sobre las salidas a la profunda crisis de todos los órdenes sociales en México, que ha sido disparada a partir del movimiento de víctimas de la guerra encabezado por Javier Sicilia, disparada porque a partir de su manifestación en marchas nacionales hay ahora en la circulación de los discursos públicos (incluyendo los medios) elementos que antes solo eran parte de secciones marginales. 

Lo he traído aquí no para responder la pregunta, sino para devolverla a todos ustedes. Estuve tentado a dejarlo solo porque me parece que ya por sí mismo encierra una reflexión educativa de primer orden. Pero quise, espero no ser fallido en mi intento, realzarla un poco para ustedes. Leamos el mismo diálogo en forma de poema –vuelvo a pedir no su atención, su detenimiento:


 
1
Mover
2
[tal vez] soltar
3
quitar
4
[me] aferro
5
creo
6
[no] puedo
7
Agarrar [me]



El poema se podría llamar piedra-miedo o piedra-cambio. Las primeras tres líneas son descriptivas, no habla nadie, como puede también verse en las dos primeras locuciones del diálogo. En la última parte del diálogo aparece un sujeto, la gente, que yo he transformado en primera persona, con el propósito de dar resonancia personal al texto –como espero que en algunos de ustedes haya ocurrido.

El poema sencillamente se parte en dos, se desgaja entre el mundo externo de los primeros tres verbos en infinitivo –mover, soltar, quitar– destinados a la acción, y el mundo interno de los últimos –me aferro, creo, puedo, agarrarme– que describen el estado de una subjetividad. Escisiones: ¿de la acción y la interioridad, de nuestras explicaciones, de nuestras propias vidas, de nuestra calle?

Muy interesante me ha parecido la paradoja de la segunda parte del poema:


4
[me] aferro
5
creo
6
[no] puedo
7
Agarrar [me]


 
Aferrarse termina siendo una forma de no poder agarrar. Lo que queda en las manos es nada, nada más que lo que se cree. Como si creer produjera una realidad que es fantasía, o una fantasía que es realidad. En estos tiempos de guerra ¿cómo es para nosotros eso de creer, de la realidad y la fantasía?

Finalmente, como ustedes ya lo debieron haber notado, el poema vuelve más claro que las interrogaciones del diálogo eran más bien afirmaciones. Contundentes afirmaciones:

hay una piedra gigantesca que obstaculiza todos los cambios necesarios
la gente tiene miedo
la gente se aferra a la piedra que la aplasta
la gente cree que no se puede agarrar de otra cosa

Afirmaciones a las que todos asistimos, afirmaciones metafóricas de algo que parece no nombrarse, algo contundente como la ley de la gravedad, como si ellas mismas fueran la piedra gigantesca, la piedra que aplasta. 

Entonces, ¿dónde, quién, para qué, cómo el cambio?

Por favor no vayan a salir como es@s alumn@s que dicen: profe, usté es muy filosófico. ¿Qué dicen?



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