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17.11.14

Reflexiones para la asamblea de mañana:




En vísperas de que las asambleas universitarias deciden el paro indefinido,
en el contexto de creciente organización de estudiantes por todo el país,
bajo la criminalización burda y las detenciones arbitrarias,
después de varias marchas masivas y manifestaciones por todo el país,
en el marco de un toque de campana de consciencia ante la guerra de estado,
cuando el país está en llamas justo porque el presidente dice lo contrario,
primero por pistoleros de la PGJDF y después de cientos de granaderos que mantienen un cerco a CU,
colusión en una estrategia de terror de estado entre autoridades universitarias y capitalinas,
arroja lo siguiente:


inserta -o agudiza- el conflicto al interior de la asamblea interuniversitaria, y de cada asamblea local;
desvía la atención que debe estar puesta en la organización y mejora de las formas de diálogo entre løs diferentes;
polariza a mayores extremos a las comunidades universitarias;
de lo cual sacarán provecho las fuerzas de la autoridad universitaria: funcionarios, profesores conservadores y porros;
aterroriza a los padres y familias que sostienen económica y moralmente a los y las chicøs de 17-22 años que participan políticamente por primera vez;
atiza la criminalización de los cínicos en todos los medios de la dictadura;
extiende entre la población la indefensión frente a acciones de fuerza irracional de las fuerzas policiacas;
da pasto a los argumentos que dentro de la resistencia más general aluden a un movimiento limpio “pacífico” vs otro sucio “encapuchado”;
en total, además de los heridos de bala, los chicos detenidos arbitrariamente en la puerta de su casa, y por su puesto la perrita herida que debe decirse sigue con vida, el ataque a CU eleva las dimensiones de la lucha estudiantil a un nivel que pone al movimiento frente a un reto mayúsculo,
en algo que parece un giro de no regreso.
Todo lo anterior no es nada original, y seguro se dirá en los balances de las asambleas.


Quiero expresar a los compañeros y compañeras estudiantes un par de ideas sobre esta coyuntura:
la radicalización es inminente, pero vale la pena sentarse a charlar y pensar juntos ¿qué es lo que se ridicalizará?
¿cuál es el significado de lo radical hoy en día? ¿y de lo moderado?


La radicalización se expresa en las formas de lucha, en las formas y medios que toma la protesta y en la exigencia de unas metas de lucha,
la radicalización está en los dos lados, en los medios y en los fines, que están imbricados.
En mi humilde experiencia en las luchas estudiantiles he visto como las formas de lucha y organización se han estancado, se han ritualizado,
que lo más difícil resulta innovar la lucha, que muchos jóvenes se hacen viejos rápidamente y,
como profesores universitarios y adultos, censuran y anulan las ideas salvajes y locas que emergen de sus pares,
ideas salvajes e ingenuas pero genuinas de acción y organización que no cuadran con la TRADICIÓN,
esa tradición en la que solo unos cuantos que pueden dedicarse al activismo de tiempo completo se terminan asumiendo,
tradición que otrora con discursos extraídos de manuales marxistas o maoístas fundó prácticas de disciplinamiento que excluyen la diferencia,
(en lugar de usar a Marx etcétera para reimaginar su realidad)
tradición pues que excluye, sumándose a las prácticas de exclusión hiriente de todo tipo (género, clase, identidad, discapacidad, etnia, etcétera) contra las que se lucha.


La radicalización se asocia a acciones de fuerza, y esta claro (no confundan mi bandera) que frente a la guerra del estado contra todos nosotros,
donde la excepción (la gestión de la muerte) es legal, la lucha será éticamente justificada y legalmente criminalizada.
Sin embargo, las acciones de fuerza no son por sí mismas radicales,
incluso se vuelven conservadoras cuando están insertas en un movimiento excluyente,
un movimiento que no logra cambiar en sus formas de organización las formas sociales de la dominación que intenta enfrentar.


Es triste pero debe reconocerse que, como ha indicado hace poco Amaglio, el funcionamiento cotidiano de la universidad, sus clases y calificaciones:
¡No son educativas! El acto educativo empieza deteniéndolas, pero sobre todo subvertiendolas,
identificando que las aulas universitarias reproducen la marginación, que la verborrea académica justifica la estructura autoritaria de la dictadura,
bajo una investidura de verdad/poder epistémico que solo se sostiene del status quo.
Por ello subvertir la universidad es rescatar el conocimiento, la enseñanza y el aprendizaje de la simulación escolar,
y recrearlas en espacios de organización y lucha.
Esas son las armas que nuestros semejantes-que-no-tienen-oportunidad-de-acceder-a-la-universidad nos deben reclamar sean las armas con las que podemos aportar a la insurrección más general.


Finalmente, ya los deja este viejo, la guerra de Estado no se estableció ayer, lleva años instalándose soterradamente,
como las fosas clandestinas que desertifican todo el país: ¿por qué tendría que cambiar en unos meses?
La lucha es a largo plazo, tal vez sus hijos y nietos continúen con ella, tal vez nunca se gane nada.
Siento poner esta nota amarga en su frentes hermosas, jóvenes compañeros estudiantes.
En ese sentido, las acciones de fuerza se pueden convertir en acciones contra el propio movimiento porque en  determinadas coyunturas ayudan a las fuerzas del Estado a desmantelar la posibilidad de un movimiento más profundo, extendido, duradero e incluyente.
¿Qué es radical entonces? Ustedes dirán.
En la sabana africana, hace unos 100,000 años, cuando la especie humana se enfrentaba a la extinción día a día por la sequía, lo radical consistió en lo impensable:
llenar huevos de avestruz con el agua escasa y enterrarlos para tener reservas después.
Decía Taibo II en su novela Cosa Fácil: “mientras más difícil mejor, mientras más complicado más bello”.


Esa es mi aportación a la reflexión sobre qué es lo radical, y ya los dejo.


Con sinceridad y esperanza, Emiliano Urteaga Urías, in/docente en Casa Libertad, Universidad Autónoma de la Ciudad de México.










5.10.13

El castigo en la universidad. ¿Qué hacemos cuando las cosas no funcionan en clase?: Nos indisciplinamos frente a nuestro currículum oculto









"Cuando se acepta descender del pedestal y sumergirse en la realidad micro, donde todo finalmente se decide, es fácil comprender que el servicio público de educación no tiene que ser un servicio uniforme de escolarización, que las soluciones enérgicas son desburocratizadas, que la pluralidad de respuestas locales es la única garantía de respeto por la dignidad humana y que la persona –cada persona– es el auténtico sujeto de su destino." Roberto Carneiro

¿Qué hacemos cuando no resulta lo planeado, los estudiantes no leyeron, no hicieron la tarea no "participan" o no asisten?

Uno: los premios y castigos están a la alza en la universidad (si tu experiencia y percepción es diferente por favor escribe un comentario a este post)

Dos: much@s profesor@s recurren a los premios y castigos (en el escenario del aula los premios son por defecto castigos). Dos modelos recurrentes:
  • Las llamadas "evaluaciones sumativas" que no son más que un régimen de puntos -conductas reforzadas.
  • Los "pasaportes" o "visas", que excluyen de la actividad a quién no cumple con determinada tarea.

Tres: l@s estudiantes y profes tienen la creencia de que "así funcionan las cosas", y ante situaciones de conflicto solicitan e implementan los premios y castigos.

Cuatro: como en el resto de los asuntos de enseñanza-aprendizaje los participantes no tienen herramientas ni espacios de diálogo y negociación.

Cinco: los conflictos se tratan de facto como asuntos íntimos de los que se excluye cualquier tercera voz.

Seis: durante los conflictos o las crisis (por ejemplo, cuando nadie lee) el currículum oculto aparece como performance.




Una cita de un texto oldie pero goody:
“Muchos educadores están acertadamente concientes de que los castigos y amenazas son contraproducentes. Haciendo sufrir a los niños para alterar su comportamiento futuro se puede muchas veces obtener complicidad temporal, pero esta estrategia no los ayuda a convertirse en personas que tomen sus decisiones en forma ética y compasiva. El castigo, incluso referido eufemísticamente como consecuencias, tiende a generar ira, desafío, y deseo de venganza. Más aún, proporciona un modelo del uso del poder en lugar de la razón y rompe la importante relación entre el adulto y el niño.

stickers, estrellas, As y halagos, premios y privilegios, son usados rutinariamente para inducir a los niños a aprender o a cumplir con las demandas de un adulto. Al igual que con los castigos, el ofrecimiento de recompensas puede causar complicidad temporal en muchos casos. Desafortunadamente, las zanahorias no son más efectivas que los palos para en ayudar a los niños a convertirse en personas cuidadosas, responsables o personas que aprendan por sí mismas por el resto de su vida.” Alfie Kohn, El riesgo de las recompensas


L@s profes con más años de servicio fosilizan sus recursos, de tal manera que rara vez se enfrentan a estas crisis, excepto cuando rompen la regla, es decir, cuando intentan algo nuevo. Pero entonces la situación de conflicto e incertidumbre refuerza la percepción de que el modo rutinario es el correcto.

Los puntos y los pasaportes generan una actividad intensa de simulación: l@s estudiantes se viven bajo amenaza (aunque en la mayoría de los casos esa no sea la intención consciente del docente), intentan como sea cumplir el requisito, copian, falsifican papeles... O lo botan.
L@s profes no tienen idea de lo que viven l@s estudiantes bajo este régimen de premios y castigos.

Cuando se apela a la responsabilidad y a la autoconsciencia ("ya estamos grandecitos... cada quien sabe lo que debe hacer... Yo no estoy para ser su madre/padre... Cada un@ decide"), se pretende que la autonomía es algo que se adquiere con la edad -como las canas. 

Además se está alimentando, involuntaria pero contundentemente, el modelo de individuos atomizados y supuestamente autosuficientes cuya libertad reside -oh paradoja- en su imposibilidad de modificar las prácticas sociales en las que participan.


"la teoría que sostiene que los hombres pueden, y deben, procurar su propia felicidad sin hacer caso de las carencias de los demás, es la que triunfa por doquier: en el derecho, en la ciencia, en la religión. Constituye la creencia del día, y dudar de su eficacia es ser un utopista peligroso."

"Aunque la destrucción de las instituciones de ayuda mutua durante los últimos tres o cuatrocientos años ha continuado en la práctica y en la teoría, cientos de millones de hombres siguen viviendo bajo ellas; las mantienen religiosamente y se esfuerzan por reconstituirlas allí donde han dejado de existir. En nuestra relaciones mutuas cada uno de nosotros experimenta sus momentos de rebelión en contra del credo individualista en boga en nuestros días, y las acciones en las que los hombres son guiados por sus inclinaciones mutuas constituyen una porción tan grande de nuestra interrelación cotidiana que si fuese posible ponerle un freno a esas acciones se detendría de inmediato cualquier desarrollo ético posterior." Piotr Alexéievich Kropotkin, La ayuda mutua (1902)


Este post emergió como parte de la actividad del curso-taller de cultura científico-humanística II, en el plantel Casa Libertad de la UACM. ¿Qué ocurrió? Se planeó una actividad a la que pocos asistieron. Ese día compañer@s que realizaron el año pasado un proyecto similar al que estamos trabajando vinieron en horario extra clase a compartir su experiencia y conocimientos. En la deliberación sobre qué hacer decidimos elaborar ahí mismo un video sobre lo sucedido, invitando a l@s que no vinieron a una nueva cita. Esto no estaba planeado. Me parece adecuado llamar a esta acción: indisciplina frente a nuestro currículum oculto, indisciplina frente a la respuesta disciplinaria que se espera de nosotros, indisciplina frente al performance de los premios y los castigos. Aquí el video-maqueta:



Finalmente les copio algunas respuestas del grupo sobre estas reflexiones:
Los premios y castigos podrian ser algo bueno pero como decia la lectura, solo servirá durante un rato y no nos volverá seres capaces de poder sobresalir en ambitos laborales, debido a que así siempre estamos a la espectativa de recibir algo o no recibirlo, y asi seguimos fomentando los mandatos y las sumisiones que se nos han dando durante muchos años. Omar.
Es claro que nos encontramos ante una lucha ante la forma de como se nos ha venido enseñando donde si no es por algún tipo de reconocimiento o alguna clase de represión no somos capaces de hacer nada, es todo un dilema ya que vemos que son pocos los que en verdad dejan de seguir al rebaño. Edgar.
todos estamos dispersos en nuestro individualismo y es un problema muy grave ya que tenemos que trabajar en colectividad pues somos un grupo de trabajo, y dejar a un lado los prejuicios que se tiene hacia los compañeros y unirnos para poder trabajar mejor y que todo funcione bien. Dulce.
es bueno que abordemos en clase las situaciones y problemas que pasan en ellas, y tambien es necesario tomar medidas para que las situación cambie. la importancia de la clase es de cada quien, es verdad, pero si somos un grupo tenemos que ayudarnos el uno con el otro, interactuar mas y creear nuevas actividades. Kike.
Gracias. Desde la ex-cárcel de mujeres de Santa Martha Acatitla, hoy Casa Libertad, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, salud y saludos!

PD: Y cuando no está la autoridá la pasamos bomba



27.8.13

"Hay que dictar... porque hay que dictar": voltear la ley de la gravedad del aula


Ferreiro, E.. (1997) La práctica del dictado en el primer año escolar. En Emilia Ferreiro: Alfabetización, teoría y práctica. Siglo XXI, México.




Emilia Ferreiro

El dictado nos conduce hacia las leyes que gobiernan la (j)aula, una práctica que se justifica por sí misma. En la anatomía meticulosa de nuestra Emilia, se destripa todo el tinglado de simulaciones de enseñar y de aprender que parecen gobernar de manera invisible lo que ahí ocurre. L@s niñ@s, l@s estudiantes, que intentan pensar por sí mismos pese a los errores y mecanizaciones absurdas del dictado, son castigados con bajas calificaciones.

En la universidad se apela a una supuesta "libertad de conciencia" del adulto, y se cree estar muy lejos de tales rituales. Pero no es así. En nuestro primer día de clases (y esto lo he hecho con estudiantes de diferentes semestres), ponemos la "trampa del dictado" para comenzar la reflexión sobre las leyes invisibles, la ley de gravedad de la (j)aula. Siguiendo una dinámica similar a la de Santos Guerra, entro al salón de clases, saludo, escribo mis datos en el pizarrón y pregunto "¿tienen con que anotar?", saco mi tableta y empiezo a dictar un texto relacionado al curso. Recuerdo, actuando, las inflexiones de voz de l@s profes que me dictaron en la escuela (casi que vuelven a vivir en mí!). 

Después de un párrafo me detengo y pregunto "¿Por qué escribieron lo que leí?". Hay un desconcierto. Luego comienzan a responder con lo más evidente y revelador: "Porque usted lo pidió". 





Después de escuchar las distintas respuestas, y anotar las ideas claves en el pizarrón, solicito me digan quién las ha anotado en su cuaderno. Así como todos siguieron el dictado, ninguno apunta para sí las ideas de sus compañeros. Y esto se repite con una regularidad bárbara. 

Abrimos entonces el diálogo a nuestra experiencia en la escuela, y a pensar en colectivo cómo queremos que sea nuestro aprendizaje, cómo queremos que sea este ambiente grupal, la comunicación, la responsabilidad y la autonomía.

Dirán que tal vez soy un poco "mala sangre", pero veo dictados en todos los quehaceres universitarios. Veo dictados en: los planes de estudio, las programaciones cortas, las antologías de textos (y sus fotocopias), la cátedra (¿libre?), los trabajos escritos, los exámenes, las investigaciones de tesis...

Viene entonces el problema de la "innovación". Para dejar de tener universidades que dictan se tienen que remover algunas cosas:
  • la atribución de autoridad epistémica al docente (y al programa de estudio);
  • las automáticas ordenaciones del tiempo y el espacio (por ejemplo, la estructura física-mental del aula);
  • el orden de la homogeneidad de las evaluaciones, calificaciones, propósitos, perfiles, etcétera;
  • los portaobjetos del saber, esas ventanitas que recortan el conocimiento en asignaturas, ciclos, disciplinas, etcétera;
  • las dinámicas socio-emocionales vinculadas a todo lo anterior;
  • y un par de cosas más.


Así que como dice mi colega tuitera @ainhoaeus, se ve muy difícil transformar las aulas desde las iniciativas aisladas y personales. 

Dejo aquí la reflexión abierta, y espero sus comentarios. 

Salud y saludos desde la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, plantel Casa Libertad

¡Autonomía Educación y Libertad!





23.8.13

Disrupción en la universidad. Reflexión in/docente para el taller de TIC y enseñanza



Nunca he tenido un entrenamiento formal en el uso de las herramientas digitales. Cuando las computadoras eran artefactos más parecidos a las máquinas de escribir recuerdo la forma en que aprendí a usar el Office, especialmente las hojas de cálculo. En la entrevista de trabajo me preguntaron si sabía utilizarlas y dije automáticamente que si. Después de una semana de enfrentarme al software fui haciendo mis propias maneras de resolver las tareas. Y creo que me sentí empoderado de tal manera que seguí con la misma actitud en adelante. Por eso hoy me resulta extraño que se refieran a mí como "experto" en TIC. 

He pensado sobre mí motivación personal para el taller que estamos realizando estos días sobre TIC y enseñanza universitaria, y creo que es parecida a la que he tenido en otras ocasiones y momentos, incluyendo por supuesto la que tengo con los estudiantes en cada semestre: aprendamos a hacer cosas juntos con estos cacharros que nos ayuden con los proyectos colectivos que valen la pena.
En otros espacios universitarios la colaboración entre colegas parecía una meta inalcanzable, especialmente por la perversión de los sistemas de puntos y méritos para profesores donde la esencia de la colegialidad (tener platicas informales de café de imaginar experimentar libremente jugar probar equivocarse con otros) no figura en la ventana institucional.


Sin embargo, como hemos vivido en la UACM, la colegialidad se ha vuelto el diablo desde que la hicieron obligatoria. También algunas investigaciones muestran que la obligación de colaborar genera actitudes negativas hacia el diálogo y la diversidad, de menos. He sido afortunado de encontrar en aún en esos espacios de colegialidad bajo presión colegas admirables que creen en la colaboración por sí misma y no como requisito laboral. Esto tiene algunas ventajas: multidisciplina, continuidad de los proyectos, motivación intrínseca, y mucho aprendizaje.

En este taller quisimos compartir la plataforma de colaboración que hemos estado trabajando, mostrar su pista de despegue y aterrizaje. Ayer en la sesión de Google Drive y Docs los y las participantes de pronto estaban ya subidos en ella, justo cuando se dio rienda suelta a la informalidad de preguntar, compartir, ayudar, chatear, a manera de una disrupción.
 
Disrupción es la colaboracion de un grupo de docente que no lo hacían antes, aún habitando la misma universidad y el mismo piso de cubículos. Disrupción es que provengamos de diferentes formaciones, diferentes disciplinas, científicas, sociales y humanísticas. Disrupción (casi herejía) es que en este grupo haya también participantes estudiantes, de los que aceptamos nos pueden guiar, con quienes vamos a compartir nuestro diseñó de proyecto TIC.

Anoche en un intercambio en Twitter relacionado con el proyecto de open book Bazar de locos 2, con el magnánimo loquillo @eraser, hablábamos de la red como una nueva mutualidad, y apareció aquel poeta ruso:

Kropotkin, La ayuda mutua

Acá claro son notas para la reflexión. Agradeciendo la participación de todo@s que ha vuelto el ambiente muy agradable, muy emocionado de los nuevos proyectos de uso de TIC a los que podremos ayudar con nuestras pocas competencias y muchos desaprendizajes.

El proyecto es co-producido por:





 http://expresauacm.org/

y




 
 Programa del Taller

30.6.13

Confesionarios, experimentos y calificaciones: tres máquinas de perfecta mortificación



los confesionarios crean confesiones, pecadores, salvación y condena:






Ángel de la izquierda: "Ve. Comulga con firme feé. constante esperanza. profunda humildad. perfecta mortificación y ardentísima Caridad" Ángel de la derecha: "Si piensas que tus pecados no se tienen de saber, o tú los has de decir o en público se han de saber" (Pintura novohispana del siglo XVIII)


los experimentos conductuales crean estímulos, conductas y teorías:








Jerome Bruner: "nuestros resultados reflejarán los procedimientos de observación y medición que usemos" (Actos de significado)


las calificaciones crean...








Miguel Ángel Santos Guerra: "Siempre me ha llamado la atención la profusión de copia que existe en la enseñanza universitaria. Si se entregasen los apuntes (o se colgasen los textos en la red) se ahorraría el tiempo y gasto del desplazamiento, no se necesitarían aulas para ese menester, se eliminarían los errores de la transcripción y, sobre todo, se evitaría el aburrimiento" (El absurdo arte de la copia)

27.11.12

El conflicto en la UACM y la criminalización de la educación

Foto: Iván Gomezcesar



A las y los estudiantes de las barricadas, a las y los de rostro cubierto

Una revolución en contra de aquellas formas de privilegio y de poder que se basan en el derecho de obtener conocimientos profesionales debe iniciarse con una transformación de la conciencia sobre la naturaleza del aprendizaje (Ivan Illich, Alternativas)

Until the philosophy which hold one race superior
And another
Inferior
Is finally
And permanently
Discredited
And abandoned –
Everywhere is war –
Me say war. (Robert Nesta Marley Booker)


En un contexto de crisis generalizada del sistema educativo, el conflicto político que se vive actualmente en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) ofrece una oportunidad para observar la representación dominante sobre la educación que comparten diversos actores mediáticos, políticos, gubernamentales y universitarios. Representación deteriorada de lo que significa educar y ser educado que se muestra de manera cruda en respuesta a las características particulares del proyecto de la UACM. Algunas de esas características, como la no selección por medio de examen, la flexibilidad curricular o la democracia interna provocan urticaria a la moral del establishment educativo porque cuestionan la aplastante realidad: la educación muere y la universidad ha llegado a su fin.

Desconocida hasta hace poco en la esfera pública, la UACM se ha vuelto en los últimos dos meses objeto de atención del aparato mediático. Lo que se ve en la pantalla, lo que dicen los opinólogos de toda ralea, lo que se publica en prensa sobre la movilización política de los estudiantes y la universidad pública puede leerse en una temporalidad histórica que se remonta hasta la huelga de la UNAM de 1999-2000. Se reutiliza ahora la figura del ultra irracional, anclada en el personaje de El Mosh, que fue creada en aquel entonces para criminalizar el movimiento estudiantil y justificar la entrada de la Policía Federal Preventiva a Ciudad Universitaria. Figura que activa los prejuicios sociales sobre la marginalidad: los paristas son vagos, ignorantes, adictos a los inhalantes y mercenarios pagados por intereses oscuros. A ello se suma la denostación total de la protesta social que implica asociar la imagen de López Obrador -el mayor “peligro para México” para los medios- como maquiavélico orquestador del caos.

Dentro de este discurso general de criminalización de la protesta destacan las representaciones referidas a la educación y la universidad. Discursos que sostienen significados empobrecidos de la educación, caracterizados por un desconocimiento de la UACM, su historia, su proyecto educativo, y las condiciones de sus estudiantes. Se despliega un feroz nihilismo de todo valor formativo que barre cualquier rastro de un para qué educar. Una pornografía del acto educativo que lo reduce todo a la repetitiva demanda de evaluaciones, a la imagen del “buen estudiante” como un ente que logra cualificarse o es desechado, al incuestionable dominio de unos conocimientos sustentados en la autoridad.

Reducir la enseñanza-aprendizaje a la aprobación, acreditación y titulación fue la estrategia que la rectora Esther Orozco desplegó como moneda de cambio para apelar a la representación dominante, e impulsar una propaganda criminalizadora contra la UACM, sus estudiantes y docentes. Faltando a todo rigor y ética académica, inventó haber realizado un diagnóstico de la universidad, que no consistía más que en la medición (mal hecha) del tiempo que tarda el estudiante en aprobar las materias correspondientes a su plan de estudios. La investigadora del área de genómicas que puede hacer un informe de investigación de acuerdo al formato de revistas internacionales como Nature, entregó un documento que no podría ser aceptado por ninguna publicación académica en el campo de la investigación educativa: sin estructura, sin construcción de variables, ¡Sin referencias! Pero eso es lo que menos importaba.

Amparada en la charola de su prestigio académico, validó e impuso su propio diagnóstico por golpe de autoridad, y salió a los medios a decir que la universidad es un fraude educativo. “¿En qué se basa para decirlo?”, “Hemos hecho un diagnóstico”. Por supuesto que en los medios a nadie le importa si la afirmación está sustentada, si no quién la sustenta. La “medida” de la rectora dice que los estudiantes de la UACM se tardan más tiempo del “esperado” en aprobar los créditos de su licenciatura y (esto no necesitaba ningún estudio) se titulan muy poco. El problema es que la baja o alta acreditación no es una variable, es un dato que necesita ser explicado. Pero Orozco pasó a ordenar cómo deberían ser los cambios dentro de la institución, y más importante, comenzó a etiquetar de “grillo” y “activista” a todo miembro de la comunidad que señalara esta estupidez.

Pedimos objetividad en análisis de conflicto #UACM No son 2 grupos en pelea sino 2 proyectos de universidad: la activista o la académica.
Ante la violencia extrema de un grupo pequeño de #UACM con conexiones externas fuertes, la rectora, el CU y la comunidad pedimos solidaridad (Esther Orozco, tuits desde la cuenta @Estherorozco del 12/11/2012)

La moralidad del eficientismo estandarizado, ignorante de las condiciones socioculturales de comunidades y sujetos, sin dosis alguna de reflexividad, es incapaz de observar sus propios errores. Intenta blanquear su imagen aludiendo a rancios valores de prestigio epistemológico del siglo XIX como la objetividad y el linaje, para camuflar de racional la imposición política de los exámenes de selección. Este lado político de la “política escolar” se ha hecho evidente de nuevo con el caso de la UACM, en el que la voz de la autoridad usa el fracaso escolar para construir la imagen negativa de la protesta. La propaganda impulsada por Orozco ha sido un éxito. Un ejemplo es la fuerza que ha cobrado la construcción social de “El fósil”: una etiqueta que caricaturiza, que alimenta el afán de ridiculizar y desvalorizar –como bullying masivo- y que coloca al Otro en el lugar de lo subhumano. El fósil es un personaje no educable, que tiene una tara.

Si esos muchachos fueron rechazados de otras instituciones no fue por discriminación, fue porque no tenían el nivel para convertirse en universitarios, porque no aprobaron los exámenes de admisión, porque representaban una amenaza a nivel conducta.
¡Imagíneselos a todos encerrados en un mismo salón de clases! ¡Imagíneselos fingiendo que se van a graduar en el tiempo que les corresponde y haciendo como que al final van a obtener un trabajo digno y remunerado! (Alvaro Cueva, “¡Pobres jóvenes! ¡Pobre México!”, Milenio, 11/11/2012

Los estudiantes de la UACM, de los que se pretende estar hablando, no alcanzan la condición humana, son en todo caso humanos con déficit, que no cuentan con el atributo del “nivel”. El juez que habla dicta que el fracaso escolar desautoriza a quien lo porte, y sentencia que quien no aprueba es “amenaza a nivel conducta”. El examen de selección se yergue aquí como artefacto mediático que sin justificación autoriza a hacer afirmaciones del más ramplón naturalismo. Así, el examen, que en la práctica solo mide la capacidad de resolver exámenes, permitiría, por gracia de este salto de autoridad, medir el grado de educabilidad como condición inherente al individuo: presunción de bestialidad que recuerda páginas nefastas de la historia de la segregación.

Hay un terreno fértil en la sociedad para estas imágenes. En el imaginario social la escolarización es un pálido reflejo de lo que fue a mediados del siglo XX. La escuela, que llegó a condensar los ideales posrevolucionarios, símbolo de la movilidad social, se desmorona con la Nación. Las sistémicas complicidades del sindicato y el gobierno han bloqueado y saboteado la educación básica hasta agotarla. Mientras la reforma obliga a realizar maratónicas pruebas estandarizadas sin sentido formativo más que el de copiar información, las escuelas del país obtienen los primeros lugares internacionales en violencia y acoso escolar según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

La urbanización de las últimas décadas ha erosionado los sistemas rurales tradicionales de crianza. Pocos soportes colectivos quedan para el desarrollo de las nuevas generaciones. En grandes zonas del país la alternativa para los jóvenes es enlistarse en los cuerpos paramilitares para obtener dinero y sentido. No es de extrañar que la sociedad mexicana sufra un deterioro severo de su concepción de la educación: se asume que nada que valga la pena puede aprenderse o lograrse en la escuela; que la vida, la sobrevivencia y todo aquello que nos hace ser quienes somos -motiva, divierte, satisface, beneficia- no se lo debemos al aprendizaje escolar. Y con ello el valor de aprender, conocer, investigar, informarse, leer, se desploman también.

A principios del siglo XX Durkheim expresaba -ahora nos resulta optimista- el supuesto clásico de que “cada sociedad busca realizar en sus miembros, por la vía de la educación, un ideal que le es propio”. Eso quiere decir que detrás del acto educativo habría unas intenciones que lo trascienden, que enviamos a los niños a la escuela o asistimos a la universidad no únicamente para obtener unas calificaciones y unos grados sino por unas metas socialmente deseadas. Hay mucha tinta sobre este “más allá” de la educación, baste para este ensayo citar el Artículo 2 de la Declaración mundial sobre educación para todos, de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura):

La satisfacción de [las necesidades de aprendizaje] confiere a los miembros de una sociedad la posibilidad y, a la vez, la responsabilidad de respetar y enriquecer su herencia cultural, lingüística y espiritual común, de promover la educación de los demás, de defender la causa de la justicia social, de proteger el medio ambiente y de ser tolerante con los sistemas sociales, políticos y religiosos que difieren de los propios, velando por el respeto de los valores humanistas y de los derechos humanos comúnmente aceptados, así como de trabajar por la paz y la solidaridad internacionales en un mundo interdependiente.

Sabemos que las instituciones educativas adoptan estos valores humanistas solo en el discurso, que los funcionarios y reformistas se dan graves golpes de pecho en la retórica de la tolerancia, la paz, y el medio ambiente, pero en la práctica poco se refleja. Llama la atención que en esta criminalización del fracaso escolar de que es objeto la UACM los actores concuerdan en olvidar los derechos humanos. Obtener créditos y títulos no supone ningún propósito de desarrollo para la persona, la comunidad o la sociedad. ¿A quién le puede interesar que estudiar le ayude a ser mejor persona?, ¿Quién, a sabiendas de la simulación extrema del sistema escolar, puede creer que aprender puede ser la diferencia para una cultura de paz? ¿Educar para la vida? Vamos, consigue un título y calla.

No se puede poner en manos de los estudiantes las decisiones, no porque los estudiantes sean buenos, malos o regulares si no porque es un asunto natural de formación. Lo que se necesita, como usted bien lo sabe, es que los profesores sean ellos quienes dirigen el tránsito, ellos son los que tienen el conocimiento, los estudiantes van a la universidad a acceder al conocimiento […] Es un asunto de sentido común, los estudiantes no pueden decir cómo deben ser los programas de estudio (Javier Solórzano, “UACM, la recurrente crisis…”, http://youtu.be/e7CNGL6CKQw, 12/11/2012)

En la guerra de representaciones contra la UACM, las posiciones más conservadoras sobre la educación son compartidas por autoridades universitarias, periodistas e “intelectuales” que tienen el micrófono en los medios:

  1. los estudiantes deben ser pasivos, dejar su formación en manos de expertos acreditados, dedicarse a aprobar pruebas y no perder el tiempo en opinar sobre su propia educación (aprender a obedecer versus aprender a aprender);
  2. las aulas son espacios cerrados que solo deben funcionar bajo la estructura jerárquica de la escuela industrializada, para entrar en ellas docentes y alumnos deben desprenderse de sus identidades y condiciones socioculturales, y debe evitarse a toda costa que el aula se vincule con la sociedad (individualismo versus colaboración);
  3. el conocimiento es legitimado por autoridad, educarse significa reproducir información validada por grupos que detentan el capital cultural, la innovación es excluyente, los fines (los productos) justifican los medios (los procesos), los saberes de sujetos y comunidades son versiones falsas y de potencial criminal (reproducción versus innovación inclusiva)

El desparpajo con el que Solórzano y todo un contingente de “periodistas” se adjudican autoridad para determinar que la educación debe orientarse según los valores de la escolarización de principios del siglo XX no habla más que de la ausencia de debate público y de la nula participación ciudadana. El silencio de los ciudadanos parece decir “si ustedes nos enajenan la responsabilidad en enseñar y aprender pues quédense su escuela”. La ausencia de todo para qué educar en la representación dominante de la educación es un síntoma de la inminente desaparición de la escuela como la conocemos. En el momento histórico de México, en el que la educación para la paz, el diálogo, la construcción comunitaria y la formación para la vida son indispensables, la apología maniquea de la eficiencia resulta criminal.

Hoy más que nunca imaginar y construir colectivamente otras formas de enseñanza-aprendizaje se constituye como una acción política. Los estudiantes, trabajadores y académicos uacemitas en resistencia alzan una bandera radical por la educación. Ante el contexto de privación cultural y pauperización de las relaciones sociales, apostamos por generar espacios de construcción colectiva, donde se enseña y aprende para buscar alternativas a la vida en común. Reivindicamos el conocimiento como derecho humano y herramienta para crear mundos posibles. Los uacemitas en lucha reclamamos, en palabras de Illich: “el sentido de responsabilidad personal de lo que se aprende y enseña para romper el sortilegio y superar el alejamiento entre el aprender y el vivir”.



El conflicto en la UACM y la criminalización de la educación.pdf
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