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9.3.15

Por qué el amor / la universidad sin traza contra la guerra / un curso (II)



3. Redes y Relaciones


@YoSoyRed_ publica estas visualizaciones del tipo de redes que se generan tras capturar un banco de tuits, luego filtrarlos, mostrando su mayor o menor centralidad y cohesión:


Tuits con mensajes de amor


Tuits con mensajes de odio

Los bien documentados ataques de bots pagados por el gobierno con dinero público, además de boicotear temas políticos (trending topics) de conversación e intercambio de información en tuiter, propagan mensajes de odio y violencia, como parte de la guerra sucia que acompaña la guerra directa contra la población. La acción en redes digitales se suma a la masa de acciones discursivas- publicitarias disparadas desde los medios confiscados de comunicación. Los masajes del odio erosionan las relaciones, ya fragmentadas y vulneradas en contextos de precariedad y sobrevivencia. 

Ausencia de Estado, Estado fallido, narco-Estado, Estado de excepción legalizado... facetas de la misma guerra. El funcionamiento normal de la universidad, sus asignaturas, horarios, exámenes, cátedras y certificados, es la manera en que el establishment educativo co-opera con la guerra. 

La disrupción del amor va en el sentido de recuperar, reapropiar los senderos delicados de la relación y el tejido de las redes:


  • Reciprocidad/Ayuda mutua
  • Escucha
  • Crítica
  • Diversidad





16.12.13

Evaluación comunitaria 2.0 (starting from scratch)


"tales acciones se irían haciendo cada vez más subversivas contra las instituciones del capitalismo y su moralidad" / Herbert Marcuse


Este semestre en la universidad hemos dado un pequeño paso en la búsqueda de alternativas a los procesos de evaluación y certificación, iniciamos el experimento colectivo de una evaluación abierta (open access) y comunitaria (entre pares). Con herramientas rudimentarias hechas con lo gratis y lo más básico (toreando el poco tiempo que tenemos), como dice la expresión anglosajona starting from scratch, desde cero, sin ingredientes prefabricados.

Habilitamos un site de Google, a donde se vinculan hojas de cálculo y documentos abiertos, y algunas funciones que podrían ser automatizadas (por ejemplo, usando un Open Conference Sistem) las realizan los propios participantes. Es mucho más trabajo pero tiene la enorme ventaja de que no tenemos que esperar a nadie, y mucho menos a la institución y sus tiempos.


¿En que se sostiene el supuesto de que los profesores son los mejores capacitados para evaluar y calificar estudiantes? A estas alturas de la era digital podríamos contestar que en nada. 

El miedo manifestado por los colegas estudiantes fue: "pero los que evalúan deben saber!?!?". ¿Saber? Esa es la prepotencia con que los expertos universitarios se enseñorean y mistifican, a veces contra su voluntad, porque estar en propiedad del monopolio de la calificación es una función de la institución que realiza a través de sus empleados, no una decisión del(la) educador(a). La autoridad epistémica está burocratizada, y se sustenta en hechos sociológicos como las credenciales-títulos que emite la institución, y no en los procesos de construcción de conocimiento. 

¿Hay que saber para calificar? Si claro, esa es la ley de la gravedad del sistema escolar. Pero si seguimos esa ley el caso de Jack Andraka y tantos otros, individuales y colectivos, no serían posibles, ¡pero si lo son! Lo interesante de Andraka, aparte de su tesón para realizar su fabuloso test para detectar el cáncer de páncreas, es su negación a ser etiquetado como un niño genio. En cambio él se presenta como un simple adolescente que es amigo de Wikipedia y Google, un individuo que tiene acceso a contenidos libres en la red con los que puede pensar, jugar, experimentar y producir.





Pero también los colegas estudiantes participantes han reconocido que esta evaluación comunitaria es una oportunidad para aprender, "nunca había hecho algo tan exigente", y están abiertos al diálogo y a la cooperación. Ellos y ellas siempre llevan la peor parte de la calificación, porque, aunque obtengan la nota más alta, lo que la práctica de simulación de la evaluación coloca en suspenso -borra- es la posibilidad de un lugar donde hablar, expresar, crear, producir.

Dejar de ser robots es una de las metáforas utilizadas para indicar las sensaciones de asumir su propio aprendizaje y la responsabilidad de hacerlo en colectivo. Así lo expresa Fely en retrospectiva: 


Sentí que no era un Robot, algunas veces suele pasar que hay algunas cosas en la vida en las eres como un robot, porque alguien te una orden y tú empiezas a caminar, y hay veces en las que te comprometas y entregas un material y solo lo haces siguiendo normas, siguiéndolas  para cumplir con las reglas. Yo me sentí como un ave porque volé a donde más me llamaba la atención. Me sentí muy viva, me sentí libre. No sólo tenemos que ver las cosas cuadradas, que no tienen significado, hay que tener una conexión con lo otro.

[Esto último es parte de la ponencia que hemos presentado en noviembre pasado en el XII Congreso Nacional de Investigación Educativa, en Guanajuato, México, aquí la ponencia completa) 

Y la metáfora es muy adecuada entre otras cosas porque se refiere a la corporalidad del acto educativo, y en ese sentido nada mejor que el arte para representarlo como en este corto demoledor del sudafricano Mitch Stratten, que recuerda aquella sensación lograda por Fellini en Ensayo de orquesta. Acá una entrevista a Stratten sobre la realización. Gracias infinitas a @Parakata_ por descubrirlo.



OCP by Mitch Stratten from iggimidge on Vimeo.

Dice Stratten: "OCP es un acrónimo para Orifice Conditioning Plate de, que es un dispositivo que se utiliza en la industria minera. Se toma el flujo asimétrico del líquido en las tuberías y lo vuelve simétrico para acelerar y controlar el tiempo de transporte. La idea de la minería habla del significado de extracción, refinado y creación. La paradoja lingüística en el título funciona por donde se lleva a cabo - en un centro educativo."

Hemos mencionado antes que los proyectos de innovación educativa al interior de la escuela no podrán tener un futuro, si no pueden establecer zonas más amplias de autonomía (un aula y un profesor es un espacio de innovación efímera), donde se construyan alternativas a:


  • la atribución de autoridad epistémica al docente (y al programa de estudio);
  • las automáticas ordenaciones del tiempo y el espacio (por ejemplo, calendarios, mallas horarias, la estructura física-mental del aula);
  • el orden de la homogeneidad de las evaluaciones: calificaciones, propósitos, perfiles, etcétera;
  • los portaobjetos del saber, esas ventanitas que recortan el conocimiento en asignaturas, ciclos, disciplinas, etcétera;
  • las dinámicas socio-emocionales vinculadas a todo lo anterior;
  • y un par de cosas más.

En continuidad a lo anterior conecto la entrevista que hace poco hizo @gorkafm para el blog de Tres Tizas, a @ainhoaeus y @eraser, con quienes he dialogado estos asuntos de esa manera gozosa y discontinua que sólo da el Twitter.

¿Cómo tratar con las relaciones de poder en la escuela? 


@ainhoaeus "Mientras mantengamos la relación actual entre estudiantes y profesorado va a dar igual que tengamos unas tecnologías u otras, porque no va a haber ningún cambio… puede haber un cambio en las herramientas con las que nos comunicamos, que si que tienen influencia, pero en cualquier caso seguimos manteniendo esa relación de poder y normalmente es el docente el que decide que es lo que tienen que aprender las personas"

@eraser "Hay experiencias que marcan un camino y que habría que potenciarlas… Hay experiencias radicales que están ocurriendo en autogestión, en pequeñas comunidades latinoamericanas, en algunos pequeños colegios a un nivel más concreto… pero el cambio a de ser mucho más global" 

"Hay que restablecer la conversación, y la conversación es que uno quiere aprender lo que quiere aprender no lo que quieren los demás que yo aprenda"












17.10.13

La universidad sin traza o la paradoja de la autonomia. Twitter como estrategia barroca #BZL2


Colaboración para Bazar de Locos 2
Línea temática: Redes sociales (Twitter) y Universidad

Palabras clave: barroco, universidad, twitter, autonomía, salvaje, mimesis, tianguis, aula abierta, uacm

¿Cómo se llama esto?, pregunté.
Océano.
Una larga y lenta Universidad.
(Roberto Bolaño, La Universidad desconocida)

... porque el modo de poblar de los naturales no estaban al modo que los españoles suelen tener sus villas y ciudades, y era necesario derribar y hacer traza nueva, porque los dichos naturales tienen poco respeto a calles y tienen pueblos muy desconcertados...
(Martín Vázquez, veterano de la Conquista, testigo interrogado en 1534, en la encuesta previa al juicio de residencia de Hernán Cortés)


Muchas cosas se conjugan hoy que por fin tengo tiempo de escribir a placer para el Bazar de Locos, y todas tienen que ver con la universidad, y como nodo me atan y localizan en estos caracteres. En mí plan de texto quería hacer un cuento sobre Twitter y la Universidad, pero el ruido de asuntos urgentes, los de siempre en la institución, reclaman también su sitio. Trataré pues de pintar en el desconcierto, o sea, en el estado de cosas a la que se dirigen siempre las ordenanzas de la reforma educativa y la urbe (orbis).

Pienso en Twitter como una estrategia barroca. La visualización en columnas para la línea de tiempo, listas de grupos de tuiteros y búsquedas de hashtags o contenidos que se tiene en aplicaciones como HootSuit o TweeDeck asemejan esas fachadas, retablos o altares de las iglesias del Nuevo Mundo de los siglos XVII-XVIII. En la plataforma de microblog uno está viendo e interactuando con una parte siempre inabarcable de entradas multimedia de miles de tuiteros que convergen ahí, dentro de una estructura clásica y sencilla: el blog y el post. En las iglesias barrocas una miríada de formas, caprichos, líneas, curvas, símbolos, cuerpos, rostros, de dimensiones variables invaden la estructura clásica; como múltiples especies de plantas trepadoras y volubles creciendo sobre una sencilla reja.

La interpretación neoclásica del barroco que se extiende hasta nuestros días coincide en mucho con la opinión que estos años hemos escuchado de los medios, las universidades y los políticos sobre Twitter y redes sociales. Basta un botón. Manuel Toussaint, historiador del arte novohispano, pensaba en 1965 que la pintura barroca de los siglos XVII-XVIII representaba una decadencia con respecto a la producción anterior:

decadencia [que] estriba en que los indios pintores se han multiplicado y hacen un trabajo enorme que tiene acogida entre el público; en ellos [los indios anónimos] la decadencia es aún mayor [que en los pintores de nombre que siguen el barroco] y obliga a los europeos a imitar sus procedimientos para contrarrestar la competencia. La pintura pierde en calidad, se vuelve ordinaria. Para protegerse contra esta invasión de artistas indios y españoles que siguen el método de los indios, los pintores solicitan de hagan ordenanzas.

¡Los indios pintan y los europeos los imitan! Cualquiera sin linaje, nombre, ni título puede pintar/tuitear. La pintura/la información se vuelve ordinaria, y, lo peor, eso se contagia y se multiplica. Hay que ordenar, trazar. Puede ser cómodo pensar usando la etiqueta neoclásica del barroco como exageración o decadencia, pero qué tal que la cosa es más seria. Recordemos lo que dijo T.W. Adorno: “... no está dicho todo con decir que lo barroco es decorativo. Lo barroco es decorazione assoluta; es como si ésta se hubiese emancipado de su finalidad y hubiese desarrollado su propia ley formal. Ya no decora algo, sino que es decoración y nada más...”

Regresaré a esto, antes necesito decir algo sobre mi contexto. Trabajo en una universidad autónoma, gratuita, pública y muy joven (11 años) en la Ciudad de México, la ciudad monstruo, ese lugar que a ojos conquistadores requería traza nueva. La Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) fue fundada por un gobierno de izquierda -izquierda que después de probar el gobierno abandonó sus principios-, expresión de la crisis de la educación superior que desataron las reformas impulsadas por el Banco Mundial, y de las luchas populares y estudiantiles contra estas. 

La UACM nació en un tiempo equivocado por que los principios en los que basa su Ley de Autonomía resultan ofensivos y desconcertantes. El primero indica que la universidad debe aspirar a la democratización y autogobernarse; el segundo, que el ingreso no tiene filtros, ningún examen de admisión; el tercero, que promoverá una educación alternativa dirigida a la población excluida y marginada de la ciudad. Hemos experimentado. Hemos roto muchos sellos que estaban prohibidos en nuestro propio cuerpo amortajado por la otra universidad, aquella de altos muros y sabios que admiramos en su balcón colonial, aquella que nos endulzó los oídos. Y empezamos a crecer un poco salvajes.

Hace pocos días llegó por mail el dictamen a un texto que dos colegas de la UACM y yo enviamos a un journal. La respuesta del juez es reveladora:

El trabajo está muy bien escrito y es muy agradable de leer. Sin embargo, no se corresponde con un artículo publicable en una revista científica. Está redactado en términos casi de confesión íntima de un grupo de miembros de la universidad que exponen de forma literaria su tránsito hacia el exterior del aula

Es bello eso de “tránsito hacia el exterior del aula”. Pareciera que el juez, como dice María José Rodríguez, está espiando tras la mirilla a este grupo que, allá afuera, se divierte en/con lo íntimo de forma literaria. Su dictamen recuerda también la fascinación del conquistador por aquellas formas del Otro que en sus crónicas sólo pudo expresar como exotismo. Otra compañera, María Luisa Castro, comenta el dictamen: “tendríamos que resetearnos y dejar de ser quiénes somos para deleitar a los ojos de los científicos que dicen cómo hay que expresar lo que no se puede expresar de otra manera”.

Pero no quiero engañar a los lectores. La UACM no es un paraíso tropical, atraviesa hondas contradicciones. Es sostenida por fondos públicos, lo que quiere decir que es sofocada por una asamblea de diputados local. Estos políticos, en coro con los medios, exigen se cumplan los indicadores de “calidad” que operan en otras universidades: no se puede mantener con dinero públicos a un bazar de locos. Pero la exigencia no es sólo externa, al interior, una buena parte de la comunidad académica sueña transformar el desconcierto en una universidad ordenada, bien trazada. La circunstancia de la UACM puede representarse con la siguiente pintura:



El virrey de Revillagigedo, protector de las ciencias y las artes -detalle. (Manuel Quirós y Camposagrado, Triste despedida de la muy noble, leal y amartelada Ciudad de México, finales del siglo XVIII)


Un indio pinta a un virrey. El salvaje pinta al civilizado. La colonización ha terminado cuando los instrumentos de la imaginación y el arte del colonizador son utilizados por el dominado; se ha extinguido todo resto del imaginario de aquella civilización prehispánica y su radicalmente distinta matriz epistémica. Al mismo tiempo, subrepticiamente, la imagen perturba ese relato. (Imagino a Toussaint perturbado). El indio está descalzo, con una postura suelta y arrogante sujeta la paleta y pinta el rostro blanco del virrey. Se planta ahí -con toda su identidad cobriza- en el gesto, la actitud, la posición del artista -el Otro- simulándolo, suplantándolo. 

Como en aquella figura clásica de los manuales de epistemología del pato/conejo, no parece posible ver ambas figuras simultáneamente: vemos al “buen salvaje”, al indio redimido, dominado en lo más íntimo, reproduciendo el orden impuesto; o, vemos al indio remiso y rebelde que ha tomado los instrumentos del conquistador, y juega con ellos recreando el mundo. Podríamos renombrar esa imagen como La paradoja de la autonomía. 

He llamado rebelde al indio que pinta, y podría parecer inadecuado. Lo que hay que ver aquí es que la “imagen del salvaje que se apropia de las herramientas del conquistador” pertenece a una familia icónica y de discurso. Aquí otra pieza de esta familia. Se trata de lo que un miembro de la Compañía de Jesús, Miguel de Sola, reportaba a la autoridad sobre “los perjuicios, daños, muertes, robos y atrocidades causados por los indios bárbaros enemigos que invaden estas fronteras”, los indios de la Sierra Tarahumara (raramuris) en 1759:

… hijos de estas tierras, viéndose como se han visto en estos contornos en buenas cabalgaduras y proveídos además de sus usuales armas, de otras ofensivas como son escopetas, trabucos, cueras y adargas, de suerte que aún no se habían divisado a alguna distancia, conceptuados de ser españoles, no se ha recelado daño alguno…

Indios cabalgando. “Ahí donde el indio ha roto la prohibición española de cabalgar, ha roto también las cadenas, escribió Luis E. Valcárcel en Tempestad en los Andes. Indios que usan la pólvora. Indios que se mimetizan y son "conceptuados de ser españoles” porque se han apropiado de los instrumentos de dominación. Hay un aire de familia en esas dos imágenes, la del indio que usa escopetas y aquella donde maneja pinceles. Como menciona Bolivar Echeverría, “jugando a ser europeos, no copiando las cosas o los usos europeos, sino mimetizándose, simulándo ser ellos mismos europeos… transfiguran la miseria histórica de su mundo para sobrevivir en él”.

Y vaya que uno se siente indio-con-su-mundo-cayendo-a-pedazos. No sólo la institución universidad pública, sino todas las instituciones, y en general la vida social está siendo constantemente violentada, anulada, reprimida, reducida a un margen inhumano (o tal vez demasiado humano). 

Es ilógico que esté aquí, en la cárcel, dice la hermana de Iribar Ibinarriaga, preso político del #2deOctubreNoseOlvida de 2013. Iribar es estudiante de una universidad pública, y es inocente. Artesano, carpintero, dibujante y diseñador. Se le acusa de violentar la paz pública, con agravante de pandillerismo, daños en propiedad ajena e injurias a la ley. Rehén de la justicia y víctima expiatoria para justificar la existencia de unos crímenes por los que mostrar en los medios una fuerza irracional, ciega y telecomediada; un performance (noción de Turner que siempre nos recuerda @Tannit): el metadrama con el que hoy se aterroriza la megalópolis de México.

Esta imagen del estudiante -el ciudadano- criminalizado se multiplica en México, Brasil, Chile, España, Grecia… Y qué decir de los que manejan la pólvora informática: tuiteros y hackers.

Los indígenas americanos colonizados de los siglos XVI, XVII y XVIII enfrentaron, en el marco histórico del avance de la modernidad, una situación de la condición humana que Bolívar Echeverría caracterizó como la caída a la civilización cero: por un lado, la destrucción del mundo prehispánico, así como la muerte de alrededor del 90% de su población por las epidemias que cundieron en el intercambio biológico no intencionado, y, por el otro, una colonización fuera de control opuesta al establecimiento de un orden civilizatorio.

Ante este abismo hacia la barbarie, sigue Echeverría, los pueblos indígenas se vieron frente a la encrucijada de abandonarse y desaparecer, o integrarse. A contrapelo de la moneda corriente en la interpretación histórica, aquella de que la integración al sometimiento significó una traición o rendición frente a la modernidad, Echeverría abre la posibilidad de pensar una estrategia distinta de resistencia: la estrategia barroca, desde la cual no se aceptan los valores modernos (individualidad, etcétera) pero tampoco se les enfrenta (o la opción de enfrentarlas no es viable, o se sospecha de que esa lucha se abrazan los mismos valores modernos puestos al revés); en cambio, en la estrategia barroca, las formas de la dominación son absorbidas y llevadas a una “messinscena assoluta”:

la teatralidad absoluta invita a invertir el estado de cosas y a plantear, al mismo tiempo, la legalidad del mundo real como una legalidad cuestionable; descubre que ese mundo es también, en el fondo, esencialmente teatral o escenificado, algo que en última instancia es también, él mismo, contingente, arbitrario.

Espero no ser malentendido en este juego transhistórico: los indios rebeldes no se localizan en una nación ni tampoco en un origen étnico. Los indios rebeldes que se apropian de los instrumentos epistémicos y tecnológicos de los conquistadores están en cada rincón del planeta. El experimento de las ciudades hispanoamericanas trazadas bajo una cuadrícula expresa a un poder centralista y absoluto que no se ejerció sólo de Castilla hacia el Nuevo Mundo, en ese mismo tiempo (¿incesantemente?) la modernidad traga a su propia plebe. En la península ibérica, por ejemplo, se hace la gran traza sobre toda alteridad: moros y judíos, pero también las identidades multiétnicas y las formas tradicionales de decisión comunitaria (recordemos la brutal represión de la revuelta comunera en Castilla hacia 1522).

La estrategia barroca es el gran crisol de las formas mestizas, hibridaciones, fundidos, criollizaciones, ajiacos, moles, carapulcras, carnavales, fiestas, mezcales, aguardientes, sones, guajiras, vallenatos, bossa novas… Un lugar clave de este encuentro masivo es el tianguis, espacio de mercado prehispánico que se reconfigura con la influencia mozárabe, que hoy se mantiene vivo en gran parte de México, y tan parecido en formas y funciones al zoco y al bazar. Fray Diego Durán, en el siglo XVI, decía del tianguis:

Y no me negarán que esto no sea vicio, porque superstición ya no es de creer, porque, en fin, son cristianos y conocen a Dios, pero por vicio, como digo, van allí muchos y muchas que no hacen otra cosa sino pasearse y andarse mirando, la boca abierta, de un cabo para otro, con el mayor contento del mundo.

(Me recuerda al juez del dictamen). Un bazar llamó Brotton al Renacimiento, para mirarlo como universo híbrido. Así es el Twitter que he conocido y que lentamente, como una decoración barroca, ha venido a expandir mí universidad desde adentro, transfigurándola. Un tianguis de mutualidad y contento (un hashtag que jugamos con @milasolamarquez un tiempo rezaba #vivosenlatravesura). Un lugar también que se sostiene en la mayor fragilidad, manteniéndose en lo efímero, lo voluble, lo móvil y lo ubicuo. Asistimos hoy también a la caída hacia la civilización cero. No hay día en Twitter en que no nos encontremos hablando de ello: recortes, masacres, exfoliación del medio ambiente, hambre, corrupción, lavado de dinero…

La UACM atraviesa actualmente un proceso de modificación de su estructura académica y administrativa. Por medio de un Congreso General Universitario la comunidad fue convocada a generar y discutir propuestas, que después el Consejo Universitario (un órgano de gobierno sui generis, conformado paritariamente por académicos y estudiantes) tomará en cuenta para legislar. Con algunos colegas hemos elaborado unas observaciones a la propuesta, de la cual quiero compartir un párrafo:

La asunción de que sólo los profesores investigadores de tiempo completo pueden responsabilizarse de los Programas de Desarrollo Académico (excluyendo a los estudiantes de este derecho) supone creer que la universidad es un espacio de autoridad epistémica que se adquiere con los títulos, concepción que no se sostiene con la evidencia de la heterogeneidad de procesos de construcción de conocimiento en la era digital, y con los principios de una educación inclusiva.

Tal vez la UACM desaparezca pronto, tal vez finalmente seamos barridos. Tal vez los estudiantes puedan crear proyectos a la par que los docentes por un breve lapso. Estaremos ahí para documentarlo. Invitamos a todos los jueces a salir del closet y a transitar con nosotros fuera de la (j)aula. Y que la universidad desconocida se expanda.



5.6.13

Presencia de ausencia: una clase sobre contexto a partir de un tuit


En el espacio de Twitter que siempre me ha dado tanto de ideas, imaginación, conocimientos, e intercambio sincero, el buen @ibaldr me ha proporcionado la pista para una clase sobre contexto.







Dejemos el poema, que es una joya, para el final.

Veamos el significado de afición que nos da el diccionario de la Real Academia de la Lengua:
(Del latín affectĭo, -ōnis, afección)
1. f. Inclinación, amor a alguien o algo.
2. f. Ahínco, empeño.

Nos encontramos con una bella familia de palabras: afición, afección, afecto, apego, inclinación, amor, empeño, ahínco, eficacia, impresión, enfermedad. Afición trata de la cualidad de la relación que establecemos con una persona, una cosa o una actividad. Algo propio de la experiencia humana, hacer/pensar/jugar con o por afición. Contrarios de afición son indiferencia, desapego, antipatía, apatía.

Según esta breve caracterización semántica de afición, puede verse que el tuit de @ibaldr puede tener una profundidad filosófica: ¿cómo reconstruimos una afición (amor, apego, inclinación) hacia alguien o algo que tuvimos en el pasado? ¿es fácil o cuesta trabajo hacerlo?

En el uso cotidiano relacionamos afición con: pasatiempo, diversión, distracción, recreo, hobby. Pero afición puede indicar muchas cosas. Pensaba en mi gusto por los juegos nocturnos de sombras y luces que se proyectan en el techo y las paredes de una habitación a oscuras cuando los autos pasan por la calle. Hasta hace poco recordé que de niño me quedaba tumbado en la cama contemplando el espectáculo cuando esperaba a mi madre por la noche.

¿Es fácil o difícil volver a una afición antigua?, ¿Podemos volver a experimentar lo mismo o no?, ¿Por qué hemos dejado esa afición?, ¿qué ha cambiado?

La actividad en clase (o en casa) es sencilla: recordemos una afición antigua, algo que antes teníamos inclinación para jugar, coleccionar, realizar, buscar o practicar. Algún juego o diversión por la que sentíamos afecto y a la que nos entregábamos con ahínco y empeño.


Algunas aficiones que compartieron en los grupos son las siguientes:

“Dibujar y leer comics: cuando tenía 8 años me gustaba mucho leer comics y las ilustraciones que más me gustaban las dibuja en un cuaderno hoja blanca, había ocasiones que me tardaba hasta más de tres horas en un solo dibujo, aparte de dibujarlos también los iluminaba cada dibujo terminado lo guardaba en una carpeta”






“Mi afición de pequeña era jugar basquetball, era algo que un grupo de amigas y yo hacíamos todos los días, sin  importar los regaños de nuestros padres. Los días que no jugábamos basketball, sentíamos que algo nos faltaba.”






“Cuando tenía 18 años conocí a un poeta, y nació mi afición el día que por primera vez lei uno de sus poemas, trate muchas veces escribir como él o de menos imaginarme el mundo que describe en cada uno de ellos. Habla de ojos a los que le caben millones de mundos acuáticos cósmicos, de colores preferidos para los ciegos y muchos otros conceptos que utilizaba y me gustaban mucho, trate de escribir algunos poemas y deje esa afición cuando me di cuenta que no podía inventar otro mundo maravilloso o me robaba sus palabras, entonces lo deje de intentar y perdí la afición de escribir poemas.”

“Mi afición era coleccionar tazos, estampas, figurillas de regalo y demás promociones que incluían distintos productos de consumo “comida chatarra”, recuerdo que me emocionaba la idea de tener estas cosas “bonitas” que a mi me gustaban, descubrir alguno nuevo cada vez que compraba un producto me hacía sentir contento, aunque después lo guardaba y ya no lo volvia a ver o usar.Después y con el paso del tiempo me di cuenta de esto último, no tenía sentido consumir algo, gastar en algo, que al final no me va a servir para nada.”



“Mi afición era coleccionar estampas en álbumes, los más representativos en esa época eran
Dragon Ball y Super Campeones, cada vez que salía de la primaria compraba cinco sobres que en ese entonces costaban $1, me quedaba si comer con tal de llenar cada álbum. Mi afición se perdio cuando pase a 6to de primaria, ya tenía una visión de la vida en otras fomas y me importaban otras cosas, los cinco álbumes que llené quedaron olvidados y terminaron en la basura.”


“Mi afición del pasado era escribir mi diario. Esto recuerdo vagamente que sucedió cuando yo tenia entre 9 y 12 años de edad.

Todo comenzó cuando mi grupo de amigas de la primaria me comentaban lo que hacían todas las noches antes de dormir, lo cual era escribir su diario en el que compartían todo lo que les había ocurrido en el transcurso del dia.

Fue ahí cuando me entro el gusto por escribir todo lo que me ocurría a mi, en cada uno de mis días. Llegue a juntar hasta 10 libretas, y lo que me gustaba también era decorar cada una de las páginas y al final poner lo más sobresaliente del día.


Deje de hacer esto porque sentí que ya había terminado una etapa de mi vida y ya no era necesario continuar escribiendo.”



¿Y el contexto?

Nos interesa el problema de cómo reconstruir contextos, del pasado y actuales (y por qué no del futuro) para los proyectos de indagación en marcha. La reflexión que hemos tenido se puede presentar en cuatro:

1. Los elementos de la afición: los recuerdos de algo que nos afectaba en otro tiempo muestran elementos clave de lo que entendemos por contexto:

  • Lugares
  • Temporalidades
  • Personas y grupos
  • Situaciones
  • Objetos
  • Acciones
  • Emociones
  • Significados

2. Los aspectos sociales, culturales e históricos de la afición: de manera indirecta, los recuerdos de afición permiten entrever aspectos más amplios que también son parte del contexto. Por ejemplo, las instituciones: la escuela o la familia. Los medios de comunicación, y sus narrativas e imágenes. Costumbres y tradiciones. Artefactos culturales, dispositivos tecnológicos.

3. La conexión de la biografía con el mundo: La afición conecta un periodo de nuestra vida (las aficiones no son efímeras, de un día o una tarde; algunas tienen más continuidad que otras) con un momento o coyuntura del mundo que habitamos. De esa manera muestran que los contextos son conjuntos entreverados, o configuraciones únicas, y no series acumulativas o contenedores de acciones.

4. Lo intangible e irrepetible: en el recuerdo de la afición hay algo que se nos escapa, algo que es difícil expresar, algo a lo que no podemos volver. Un estudiante,  ante la pregunta de ¿por qué ya no tienes esa afición?, lo dijo con claridad: “perdí el sentido”. No sólo es que ya no estén presentes el lugar, o la persona, o la situación, sino que no es posible volver a “activar” esa configuración única en la que existió la afición.

Finalmente queda pendiente la reflexión sobre la permanencia de la afición, o su huella, o la posibilidad (y en qué condiciones) de volver a ella. El poema que nos ha regalado @ibaldr de Pedro Salinas puede ayudar a palpar esto.


Qué paseo de noche, de Pedro Salinas


¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.
Sirenas de los cielos
aún chorreando estrellas,
tiernas muchachas lánguidas,
que salen de automóviles,
me llaman. No las oigo.
Aún tengo en el oído
tu voz, cuando me dijo:
“No te vayas”. Y ellas,
tus tres palabras últimas,
van hablando conmigo
sin cesar, me contestan
a lo que preguntó
mi vida el primer día.
Espectros, sombras, sueños,
amores de otra vez,
de mí compadecidos,
quieren venir conmigo,
van a darme la mano.
Pero notan de pronto
que yo llevo estrechada,
cálida, viva, tierna,
la forma de una mano
palpitando en la mía.
La que tú me tendiste
al decir: “No te vayas”.
Se van, se marchan ellos,
los espectros, las sombras,
atónitos de ver
que no me dejan solo.
Y entonces la alta noche,
la oscuridad, el frío,
engañados también,
me vienen a besar.
No pueden; otro beso
se interpone en mis labios.
No se marcha de alli,
no se irá. El que me diste,
mirándome a los ojos
cuando yo me marché,
diciendo: “No te vayas”.




Muchas gracias a Ivan @ibaldr por sugerir indirectamente esta clase :)
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