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12.2.15

¿Es este un blog de educación? In/docencia es soltar el poder

¿Acaso un blog de tecnologías que atraviesan la educación? ¿Un blog que trae la novedad, la última etiqueta del marketing educativo? ¿Un repositorio de herramientas? ¿Cuándo aparecieron esos blogs de consumo rápido? No, este es un simple blog que de vez en cuando trae aquí huellas de andanzas, siempre andanzas intraducibles, mal portadas, huellas que dejaron los marineros en Playa Girón, llevadas ya por la marea, esto es implícitas, como las enseñanzas implícitas (título primero del blog) de Jackson-Cavell, no demostrables.

In/docencia es soltar el poder, dejarlo, el poder que acecha desde adentro y se proyecta afuera en la tentación del héroe o la madre. El performance del docente universitario es su propia esclavitud.

A modo de confesión diré que el defecto que muchas veces me señalaron algunos colegas lo convertimos aquí en filosofía, mejor, en escritura. El defecto de no hacer conclusiones, no cerrar adecuadamente las conferencias, charlas profesionales (como un marinero que no sabe echar el ancla!), y que un tiempo me quebró la cabeza por sentirme menos profesional con respecto a la norma. Hoy justo que me puse a escribir el post anterior sobre nuestro curso del amor, encontré en los Fragmentos amorosos de Barthes esto que conecta al profesor y su performance:

  1. Insignificante, la escena lucha sin embargo con la insignificancia. Todo participante de una escena sueña con tener la última palabra. Hablar el último, "concluir", es dar un destino a todo lo que se ha dicho, es dominar, poseer, dispensar, asestar el sentido; en el espacio de la palabra, lo que viene último ocupa un lugar soberano, guardado, de acuerdo con un privilegio regulado, por los profesores, los presidentes, los jueces, los confesores: todo combate de lenguaje (maché de los antiguos Sofistas, disputatio de los Escolásticos) se dirige a la posesión de ese lugar; mediante la última palabra voy a desorganizar, a "liquidar" al adversario, voy a infligirle una herida (narcísica) mortal, voy a reducirlo al silencio, voy a castrarlo de toda palabra. La escena se desarrolla con vistas a ese triunfo: no se trata de ningún modo de que cada réplica concurra a la victoria de una verdad y construya poco a poco esta verdad, sino solamente que la última réplica sea la buena: es el último golpe de dados lo que cuenta. La escena no se parece en nada a un juego de ajedrez sino más bien a un juego de sortija: no obstante, el juego es aquí revertido, puesto que la victoria corresponde a aquel que logra tener el anillo en su mano en el momento mismo en que el juego se detiene; la sortija corre a todo lo largo de la escena, la victoria pertenece al que capture a ese pequeño animal, cuya posesión asegurará la omnipotencia: la última réplica.







11.2.15

Por qué el amor / la universidad sin traza contra la guerra / un curso (I)




Anaïs Nin, 1971


Voy a dejar huella aquí de que en la universidad hemos montado un curso que gira alrededor del amor: preguntas y teorías que hacen las ciencias (como la neurosciencia y la sociología) del amor, tonos y representaciones que hacen las artes del amor (porque desde cierto punto de vista hay una parte de las artes dedicada al amor), en especial el cine lo hemos tomado para hacer exploraciones y abrir diálogos con nuestros propios significados, escuchar significados diferentes a los nuestros, mirarnos diferentes, descentrar un poco los afectos afectuosamente. (Ver, El amor en tiempos de cine)

Y ¿el amor en la universidad, por qué? Responderé con algunas ideas que están bullendo estos días movididitos de inicio de proyecto, pero antes, recordar que Platón no necesito justificar El banquete, el valor del amor estaba sobreentendido: 

Me dijo: justamente andaba en tu busca, porque quería preguntarte lo ocurrido en casa de Agaton el día que Sócrates, Alcibíades y otros muchos comieron allí. Dícese que toda la conversación rodó sobre el amor. [...] el provecho que encuentro en hablar u oír hablar de filosofía, nada hay en el mundo que me cause tanto placer; mientras que, por el contrario, me muero de fastidio cuando os oigo a vosotros, hombres ricos y negociantes, hablar de vuestros intereses.

1 Memoria colectiva





Las narraciones que compartimos sobre lo que somos, de dónde venimos, cuál es nuestra posición en el mundo, cómo es el mundo, están modeladas fuertemente por los afectos, las pasiones, los vínculos. Llevamos historias en el cuerpo, son ellas nuestro mapa social y político. Investigar sobre el amor nos involucra en revisitar las hechuras y entuertos de estas narraciones, a palpar los silencios y los olvidos, y sin afán de disolverlos sacarlos al sol. La precariedad social de la guerra que vivimos seguirá en aumento, enfrentaremos una creciente ola de destrucción de vínculos y estructuras comunitarias que aún brindan algún soporte, un contexto en que la memoria se vuelve un recurso vital. Las prácticas de la memoria (la conmemoración, el reconocimiento, la evaluación, el recuerdo) son prácticas amorosas.

Un homenaje a los maquis contra el olvido programado del poder



Equí y n'otru tiempu (trailer) from De la Piedra Producciones on Vimeo.


2 Conocimiento




Las miradas del amor fueron un tiempo marginadas a la categoría de literatura femenina, pero lo que hicieron con nuestra concepción del mundo Virginia Wolf, Anaïs Nin, Clarice Lispector y tantísimas otras no se circunscribe a la literatura, se vierten en la cuenca de las epitémes cálidas y los saberes del amor. Saberes hacer/tácitos/cotidianos. Desde la cocina hasta los talleres de oficios el mundo se organiza muy diferente, así como el tiempo es estructurado de maneras singulares, y se desarrollan vínculos humanos que acogen, pequeñas Ítacas, hogares. Hay también aproximaciones científicas que beben de esta cuenca, por ejemplo los saberes clínicos y naturalistas, que siempre han puesto cuidado en cómo se establece la relación de conocimiento con la vida, lo orgánico, singular y emergente. También afluyen a esta cuenca los saberes indígenas, rurales, de las minorías, los movimientos sociales, los grupos de apoyo comunitario. Saberes del amor no son iguales a saberes con amor...






27.1.15

prohibido olvidar. notas indocentes para inicio de curso



que qué hacemos aquí otra vez es la pregunta, que qué hacemos con todo esto de aprender, enseñar, conocer, informar, comunicar, crear... y también certificar!

que la memoria es un trabajo cotidiano y colectivo, que no hay ningún pasado más que el presente que lo anima, que la lucha por la memoria es la primera de todas

que la autonomía y la libertad no se hacen yendo a marchas (aunque ayude) y tampoco siendo “los/las que hacen cosas diferentes divertidas raras sentimentales” en la universidad, pues aunque ayuda no basta

que de todos los saberes (y vaya que hay saberes!) este de dialogar y organizar y aprender entre los/las diferentes es el más canijo, que estamos a años luz de desaprendizajes para crear las comunidades que nos abriguen nos cobijen en medio de esta guerra de exterminio

que miremos de pronto lo que ahora nos recuerda un nuevo estudiante de primer semestre, uno que dice que le gusta “la felicidad que es producida por las cosas más sencillas”, y que refresquemos la mirada para reconocer qué hacemos aquí

que no me bastaría el mundo mundial para agradecer a todos y todas con los que he caminado estos tres años de aula abierta, pero que agradecer y dar valor a la influencia de los otros es vital, es vital

al decir sus nombres aquí afirmó que no ha habido nadie Como cada uno de ustedes: Arturo, Adrián, Alejandra, Juan Carlos dandy, Sinaí, Elizabeth, Judith, Fely, Carlos, pilar, Alberto, Emilia, Octavio, Ricardo, Mari José... y la lista se expande.

cada uno ha soportado todas mis impuntualidades y deshabilidades, y me ha dado la mano para continuar, porque desaprender no se puede hacer solo.

que a pesar de la universidad queremos a la universidad, que a pesar de ella hemos hecho comunidad, porque habitamos en sus márgenes cohabitamos en ella. Porque apostamos a que el día que no haya universidad seguiremos haciendo comunidades que se transformen a sí mismas, o al menos siguiendo esa utopía




 








2.1.14

La primer vez que apliqué un examen en la Universidad. Narrativa docente corporeizada


Rescato fragmentos de una ponencia que escribí a finales del 2006 para el 1er Coloquio del Área de Cultura Científico-Humanística de la UACM.

Se trata de una narrativa docente corporeizada e inconclusa sobre la vivencia de la evaluación en la institución de un profesor novato que soy yo. He quitado la mayor parte de contenido "teórico" que me parece innecesario, y he puesto en corchetes algunos comentarios actuales [así].

Ha pasado mucha agua por el río, me identificó con este yo-docente, pero distingo bien los límites que nos separan. Lo he querido subir al blog porque me parece apunta a varias llagas de la formación docente en la universidad en general, y en particular en la UACM. 


Scherzo in Gold - VICTOR DELHEZ Belgian, (1901-1985) Wood engraving, 1948, small edition. 11 3/4 x 8 7/8 in. Signed in pencil and also initialed in the block. Inscribed "epreuve d'artiste". This brilliant parody on the concept of the "Golden Number" depicts a professor with the skull of a parrot and five students. The print is constructed around several pentagrams.


El aula es el espacio inacabado, ordinario, al que confluimos las voces heterogéneas que suelen ser omitidas, negadas, desvirtuadas en el discurso educativo. El aula es ese cuerpo social silencioso que escapa a la representación, por más que se intente ahogarlo desde una voz portadora de valores que le son extraños. El aprendizaje, concepto secularizado a partir de finales del siglo XIX, supone la lógica de un cambio que ocurre o debe ocurrir como resultado de unas acciones, ya sean externas (comportamientos) o internas (cogniciones). El cambio de los sujetos es un campo saturado de valores que intentan prescribir un rumbo, un desarrollo, unas metas de los sujetos que aprenden. Ese campo esta, sin embargo, vacío de las voces de esos mismos sujetos.

El día del examen


Salí de casa pensando “hoy es el día de la verdad”. Era un tono de ironía y de burla en mí voz interna, y lo que sentía era una emoción confusa. Una semana antes, en la plática que di sobre Revolución científica, sentí la necesidad de expresar a los alumnos la contradicción que estaba viviendo: “tengo dos objetivos en esta plática”, comencé diciendo, “el primero es aportar elementos generales para el tema de revolución científica, y cubrir con ello la expectativa que nos reúne hoy… porque debemos ser honesto, la certificación es la hora de la verdad, estamos nerviosos, ustedes y nosotros, y sabemos que la certificación no es lo mejor”.

Ahora que realizo este recuerdo, creo que debí haber agregado: no parece ser buena idea negarla, ni eludirla, ni simplificarla. Continúe mi discurso en el pequeño salón donde los cincuenta alumnos, de la mañana y de la tarde, algunos que venían de San Lorenzo y yo, ya empezábamos a sudar la gota gorda, “Mi otro objetivo es aportar elementos para la reflexión de nuestras ideas sobre la ciencia… me niego a dar simplemente un repaso o un resumen del tema, así que voy a plantear algunas preguntas sobre las que yo mismo no tengo respuesta”.

Estaba diciendo que iba a hacer una cosa mientras hacía otra. Me negaba a aceptar la condición de “preparar a los alumnos para el examen”, y al mismo tiempo estaba haciendo algo que expresaba la responsabilidad que sentía hacia ellos.

Mi nerviosismo comenzó a crecer cuando llegando al salón asignado para el examen estaban ya esperando los estudiantes, ¡Y la gran mayoría eran mis alumnos! Me enternecieron cuando pasaba a tomarles lista y dejarles el examen y ya esperaban con su credencial a la vista. ¿Y si alguno de ellos no trajera la identificación?, ¿Iba a negarle el examen aún sabiendo que no era un impostor? La pregunta es absurda, pero qué era lo que estaba pasando.

De pronto no era necesario que Emiliano-el-profesor-de-todo-un-semestre estuviera ahí, no era necesario mi conocimiento de cada chica y chico, no era necesario saber que Magali se tardó medio semestre en entender la diferencia entre el modelo geocéntrico y el heliocéntrico, tampoco que Alejandra se había clavado con el tema de la industrialización y la ciencia en el porfiriato, mucho menos que Héctor, que siempre llegaba con su tarea, se dormía la mitad de la clase por que trabaja de noche.

Se necesitaba a otro Emiliano, el representante de la institución que aplica el instrumento de certificación en igualdad de condiciones para cada alumno, siguiendo unas reglas que le son independientes. Y de inmediato este Emiliano certificador empezó a querer tomar cuerpo. “Esas dos chicas están susurrando mucho”, “aquel parece que esconde algo entre las piernas”, “ya lleva mucho tiempo en el baño, voy a asomarme a ver dónde está”, “qué es lo que lee en el celular”. Una oleada de desconfianza ¿De dónde venía esta sospecha?

Un caso


¿Cómo le va a ir a esta alumna concreta, llamémosla Guadalupe, que conozco a través de una relación histórica de cuando menos un semestre, de la cual tengo recuerdos especiales como el día que por primera vez participó en clase o de su inocencia para hablar de ciertos conceptos difíciles, o simplemente de su tartamudeo, cómo le va a ir en la certificación, cuando yo sé que está lejos de contestar correctamente según los criterios que se han establecido para el examen? Valorando a Guadalupe con la tabla homogénea de criterios de la certificación simplemente “no cubre los propósitos”. Y sin embargo yo sé (y más tarde regresaré a la importancia que tiene este “yo sé” del profesor) que Guadalupe ha hecho un gran esfuerzo, ha aprendido cosas que no imaginaba, y desde mi perspectiva merece acreditar el curso.

Este es un asunto desmesuradamente subjetivo. Las respuestas institucionalizadas a la preocupación del profesor de Guadalupe son más o menos así [según el proyecto educativo de la UACM]:

“¡Excelente! Si Guadalupe ha avanzado que siga así, puede recursar la materia o perseverar en asesorías hasta que esté ya preparada para enfrentar la certificación. Es importante que el profesor y el tutor se pongan de acuerdo en ello para motivar a Guadalupe a continuar con su aprendizaje, pues la Universidad debe dar a cada alumno la posibilidad de avanzar según sus propios ritmos y capacidades. Si, según el profesor, la alumna sabe, entonces debe demostrarlo aplicando a un instrumento externo, que, libre de prejuicios o valoraciones subjetivas, le permita demostrar sus conocimientos, y de ese modo pueda la Universidad 'dar fe' del aprendizaje de Guadalupe”.

Si pensamos de esta manera hemos de suponer que Guadalupe vive en una sociedad que valora altamente la actividad intelectual como un fin en sí misma. Que disfrutar del aprendizaje de nuevos conocimientos es para ella un motivo central de existencia. Por ende, hemos de suponer que Guadalupe goza de una libertad de tiempo y de recursos propicia para dedicarse al aprendizaje, y que está feliz de encontrar por fin una institución universitaria que le brinde esta oportunidad sin restricciones, docentes muy bien capacitados para auxiliarla, así como instalaciones, equipo de cómputo y otros beneficios.

Tal vez Guadalupe cursó una educación básica y media superior en algún otro país [no me queda claro], donde interiorizó cosas como “aprender de los errores”, apreciar a los profesores como compañeros de estudios y no como figuras de autoridad, enfrentar los retos del aprendizaje de manera autónoma y en su momento saber pedir ayuda, trabajar en colaboración, desarrollar un sentido crítico y humanista, en fin, interiorizó que el aprendizaje es un responsabilidad individual y colectiva. Sin embargo, la vida de Guadalupe, como ella la cuenta, es algo distinta:

Parte de mi vida es muy constructiva en el tiempo ya que tengo que planear exactamente qué es lo que tengo que hacer como levantarme, hacer mi quehacer, darle de comer a mi hija, ayudarle en lo que pueda a mi mamá; posteriormente empezar a hacer tarea y comúnmente cuando me transporto de mi casa a la escuela, voy leyendo copias que dejaron en la escuela o un libro que me haya llamado la atención. [extractos de la autobiografía escolar de la estudiante]

Para ella (y la mayoría de los estudiantes la certificación) es un asunto vital, sobre el que se preocupa durante todo el curso, preguntando cómo será el instrumento, si lo que se revisa en clase “va a venir en el examen”, pidiendo asesorías sobre temas que no entiende. Para Guadalupe “pasar la certificación” es central, y eso no la vuelve una estudiante menos centrada en el aprendizaje, no la vuelve una “alumna bancaria”. A Guadalupe, como a la mayoría, no le basta con que la institución no castigue su posible irregularidad, no le basta con saber que podrá sobrevivir dentro de la universidad.

Contrariamente de lo que se espera de una estudiante que le interesa tanto la certificación Guadalupe reflexiona sobre su formación en estos términos:

Mi educación académica fue diferente a comparación de lo que llevo estudiando en la Universidad porque aquí aprendes relacionando las cosas, involucrándote con el tema, la relación que existe en nuestra vida cotidiana, así como también la forma de cómo llevarlo a cabo para comprenderlo mejor y no se nos olvide. Ya que en la secundaria si querían te daban clases y si no, era pura memorización sin comprensión y sin análisis de los temas y uno como alumno se le hace aburrida la clase y no le presta atención, obviamente pasas a duras penas con seis.

Vivencia y saber docente


En mí vivencia de la enseñanza, se presenta la continuada sensación de imposibilidad para expresar lo que es el aula. No podría afirmar que todo docente viva esto, pero si estoy seguro de que no estoy solo. En mi caso es posible que el origen de esta desconfianza esté relacionado con la formación como investigador educativo. Cuando se confrontan la teoría del aula con su vivencia –no te das cuenta de esta confrontación hasta más tarde-, el entusiasmo inicial de “estar haciendo algo más acertado para modificar el aprendizaje” se trastoca en una difícil situación. Los profes y los alumnos no sabemos comportarnos como dice la teoría. 

Existe un agotamiento casi fisiológico en el desencanto progresivo que provoca el discurso sobre la educación. Muchas maestras de primaria que entrevisté expresaron este agotamiento como una completa desesperanza en que cualquier tipo de reforma, o cualquier enfoque novedoso pueda ayudarlas a cambiar las condiciones de sus aulas. 

El discurso educativo está lleno de trampas, una de ellas es la soberbia con que promete, una y otra vez, tener elementos concluyentes para acabar la crisis. Para educadores e investigadores la trampa es sutil y opera justo cuando nos colocamos en el lugar de “buscar una alternativa”. Porque la lógica a la que conduce supone que deba existir una mejor fórmula, una verdad mayor, un error que sólo nuestro enfoque puede denunciar.

La búsqueda de “las conductas observables”, “las competencias” y “los indicadores”, conduce a la desazón y al conflicto. A la desazón porque, como ha mostrado con belleza Philip Jackson, las huellas de la enseñanza en docentes y estudiantes, la influencia que las aulas tienen en nuestra vida pertenecen a lo que no es audible ni visible, y están fuera de los programas y planes de estudio. 

Buscar pruebas objetivas de acuerdo a criterios técnicos tiene como consecuencia que los propios participantes del fenómeno educativo rechacen la voz de su propia vivencia, y marginen así las fuentes del saber que sólo su reflexión sobre la práctica puede aportar. Siempre es grato observar que las pláticas informales en el aula, los pasillos y los cubículos burlan el control del discurso educativo [y ni qué decir ahora con las redes!].

A mitad del semestre escribí:

El curso ha sido frenético y las semanas que quedan me parecen nada. No me agrada mucho por dónde vamos, estoy ansioso y ocupado por los contenidos y claro por la certificación. El programa se ha vuelto el enemigo a vencer. Me queda la impresión de que la única manera de terminarlo es preparar exposiciones del docente para todos los temas que faltan. De nueva cuenta me pregunto qué sentido tiene el programa. De nuevo siento la obsesión por eliminar la angustia con más trabajo. Una vez más la sensación del mal docente, la culpa por no haber hecho tal y cual cosa, de no saber, de no tener la brújula, el orden, la respuesta…

[Jajajaja, qué drama eso último, hace tiempo que la sensación se disolvió, y nos instalamos, como reza el subtítulo de este blog, en la indocencia]



3.9.13

Aprender es confiar en tu propio proyecto creativo... y echar por la borda el calendario escolar

Huvy no logró finalizar en el tiempo escolar el video que en la última parte del curso le traía dando vueltas la cabeza, y sobre el que discutimos y trabajamos en largas asesorías. Uno de esos días cuando la presión del fin de semestre comenzaba a sentirse en el ambiente, Huvy me contó todas las dificultades que le representaba seguir el protocolo de proyecto de indagación que utilizamos, no había podido escribir sus preguntas de indagación ni su justificación. 

Pero en cuanto le pregunté sobre cómo pensaba hacer su video no paraba de hablar sobre las secuencias, los títulos, la música y las imágenes que había estado recolectando y jugando con ellas en su mente y en la compu. De hecho días antes, de manera espontánea, me había ayudado a asesorar otro proyecto de video de una compañera, con propuestas geniales de edición.

Así que pensé, "si me aferro a que Huvy haga el protocolo no va a terminar ni lo uno ni lo otro". Entonces le planteé que enfocará el proyecto de otro modo y le diéramos énfasis a sus ideas audiovisuales. Ese día borroneamos este guión:





Huvy siguió trabajando el guión y el video, pero el calendario escolar como siempre fue implacable. El día de las presentaciones de los proyectos él nos mostró un minuto de video que había editado. Como en otros casos, la evaluación no la hicimos sobre un producto terminado, sino sobre el proceso seguido y los caminos anunciados/entrevistos por el proyecto. Y Huvy tuvo buena nota.

No está demás decir que este era su primer proyecto audiovisual, y que para hacerlo tuvo que aprender sobre la marcha a manejar el software de edición.

El semestre terminó el pasado 5 de julio, y el último día para entregar los proyectos concluidos fue el 12, es decir hace 53 días. Hoy me avisa Huvy que está terminado y lo sube a Youtube. 

He de decir que la pieza es un excelente ejercicio de cine collage y mash up, pero, independientemente del producto, el regalo de Huvy me deja sin palabras. Lo he compartido aquí aceleradamente y limitándome a contar la historia, porque creo que es también un regalo para tod@s quienes hemos estado trabajando en el Aula Abierta, l@s estudiantes y docentes de la UACM que colaboran directamente, pero también para l@s colegas que a diario apuestan por transformar los actos educativos y sacarlos de esa ridícula condición simuladora para humanizarlos(nos). 



9.5.13

Reflexión in/docente: solicitud al colectivo



solicitud.
(Del lat. sollicitūdo).
1. f. Diligencia o instancia cuidadosa.
2. f. Memorial en que se solicita algo.

colectivo, va.
(Del lat. collectīvus).
1. adj. Perteneciente o relativo a una agrupación de individuos.
2. adj. Que tiene virtud de recoger o reunir.
3. m. Grupo unido por lazos profesionales, laborales, etc.





«… es preciso que vaya quedando cada vez más claro que, aunque diferentes entre sí, quien forma se forma y reforma al formar y quien es formado se forma y forma al ser formado. Es en este sentido como enseñar no es transferir conocimientos, contenidos; ni formar es la acción por la cual un sujeto creador da forma, estilo o alma a un cuerpo indeciso y adaptado. No hay docencia sin discencia, las dos se explican y sus sujetos, a pesar de las diferencias que los distinguen, no se reducen a la condición de objeto uno del otro. Quien enseña, aprende al enseñar y quien aprende enseña al aprender.»  Paulo Freire. Pedagogía de la autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa.
Gracias a Ale Astudillo por recordar esta cita


En territorios nuevos


Quiero compartir una vivencia que escribí así:

En este lugar en el que me encuentro ahora se me ha preguntado varias veces quién soy, qué hago, a qué me dedico, cuáles son mis títulos y credenciales. Y es cansado intentar contestar porque rara vez hay alguien ahí para escuchar. La mayoría quiere una respuesta rápida, algo que sirva para colocar en un cajón prefabricado, en la alacena de las etiquetas sociales que todo lo facilitan pero donde nadie se entiende. Y como siempre que me preguntan quién soy, me envuelvo en una nube, en un sondear algo que siempre me es intangible, peligroso, en construcción, frágil. Y sé, hace tiempo que sé, que en el mundo hay poco lugar para la indecisión, la vagancia y la búsqueda sin destino fijo, o sea algo como yo. Me preguntaron quién iba a cubrir mis grupos mientras tengo este cargo, mientras soy “encargado interino de la coordiación”, y contesté: nadie, no puedo dejar mis grupos. Y pensé: cómo explico que eso que llaman “dar clases” para mi no es dar clases.Me contaron de un profesor que sueña con llegar el primer día de clases y decir a los estudiantes “en qué puedo servirles”. Le preguntaría: cómo hacemos para que llegue ese día, cómo hacemos cada día, cada actividad, cada curso para avanzar hacia allá. 

Comunicación y temporalidad


El otro día que hablábamos sobre comunicación e interacción social con el grupo de lunes y jueves de la tarde se me hizo necesario comunicarme con ustedes. Y esa intuición se reafirmó con el video que compartió Esther en Google+: “cada segundo, dice, contiene opciones incontables, posibilidades y decisiones de las cuales sólo una puede emerger”.





Me acordé de un proverbio chino: “miles de caminos comienzan bajo tus pies”. Y una película, Corre Lola corre, en la que se juega con todas las posibilidades que existen en el tiempo, o como el tiempo no es algo que solo ocurre sino algo que se va constituyendo.

Aquí se puede ver completa






El hecho es que me hice responsable de un trabajo que implica tiempo completo, pues además de las funciones de la coordinación la universidad atraviesa un periodo vital de reconstrucción, un tiempo que exige de toda la comunidad participación, colaboración y creatividad. A veces me pregunto ¿de qué manera lo que hago hoy en la universidad puede tener alguna influencia en lo que será la universidad dentro de diez años? Y en este lugar, lleno de formatos administrativos, nuevos colegas trabajadores, reuniones de planeación, y más reuniones, aprendo mucho de la universidad. Descubro la complejidad del trabajo que representa tomar decisiones, y las dificultades para hacerlo de manera consensada, escuchando y proponiendo.

Con mis limitadas habilidades administrativas, por suerte apoyado por colegas de gran inteligencia y pericia, sé que lo mío está en la barricada de la acción educativa. Estas clases que no he podido estar presente he extrañado enormemente sus voces, sus ideas y su energía. También extraño a mis colegas docentes con quienes trabajo cotidianamente, Ricardo, Gaby y Juan Antonio. Agradezco a Sinaí y Alejandra por el esfuerzo y la manera tan profesional en que apoyan y coordinan mucha de la actividad en los grupos. Me da gran alegría también dar la bienvenida a Fely al equipo, pues tiene mucho que aportar a todos, y el regreso de Arturo y Adrián con quienes comenzamos LaTICFM junto el legendario Danddy.

Pero sobretodo quiero agredecer a todos y todas las estudiantes por confiar en este proyecto, en la aventura que iniciamos con Cinematósfera y con esta propuesta de innovación transformadora, que cada semestre es más un producto colectivo en el que muchas individualidades co-construimos una historia. Aún estaré en la coordinación del plantel por unas tres, máximo cuatro semanas, y quiero solicitar su colaboración para mantener el barco. Tomémoslo como un experimento, en el que queremos probar que los valores de la autonomía, la colaboración y la creatividad son posibles.

Escribamos esta historia, póngamos nuestra marca y veamos a dónde nos lleva. Aquí, en el video de Pescetti, que algunos de ustedes ya conocen, busquemos una guía encontrando la parte de nosotros que es la maestra, la parte que es la alumna y la parte que es el narrador.








Escriban sus comentarios!




4.6.12

Propiciar el encuentro, acortar la brecha de participación

Revisitando un texto de Kierkegaard, que leí mucho antes de imaginar me dedicaría a la educación, encuentro esta cita:
[...] ser maestro no significa simplemente afirmar que una cosa es así, o recomendar una lectura, etcétera. No, ser maestro en el sentido justo es ser aprendiz. La instrucción empieza cuando tú, el maestro, aprendes del aprendiz, te pones en su lugar de modo que puedas entender lo que él entiende y de la forma que él lo entiende, caso de que no lo hayas entendido antes, o si lo has entendido antes, permitas a él someterte a un examen de manera que pueda asegurarse de que tú sabes tu papel. (Søren Kierkegaard, Mi punto de vista)



Kierkegaard esboza un lugar desconocido: ¿dónde existiría ese sitio en que fuera posible, normal, que los estudiantes examinaran a sus maestros? Ciertamente nos examinan, pero en secreto, en voz baja, sin que a veces ellos mismos se escuchen. En otro proyecto lo que intentamos fue justo amplificar y dar lugar a esos exámenes. La distancia entre lo que imagina Kierkegaard (pensando quizá en lo que él desearía de sus maestros) y lo que creemos es posible con nuestros estudiantes de carne y hueso en nuestra escuela de grava y cemento, constata la brecha de participación.

¿Cómo alguien que califica un X (examen, trabajo escrito, exposición oral, etcétera) podría entender lo que el aprendiz entiende y de la forma que lo entiende? La pregunta parece absurda. La evaluación que califica procede valorando la adecuación del estudiante a un programa, instrumento, indicadores y no al revés. Más absurda es la pregunta ¿de qué manera alguien que califica un X puede ser, al hacerlo, un aprendiz? No hay manera de aprender lo que entienden los estudiantes, lo que sería algo así como el currículum del maestro-aprendiz de Kierkegaard, cuando lo que se valora de su dicho o su acción es su semejanza con un perfil dado, un objetivo, un fósil.


La pobreza de la participación es un excedente inmenso producido por las instituciones (o su onerosa omisión), de la que la escuela tiene una gran tajada. Kierkegaard pone un dedo en la herida más sensible: la brecha está en el encuentro: la relación maestro-aprendiz (que es también la relación del maestro consigo mismo) no pasa por el encuentro, la voz de cada uno está siendo arrebatada por valores que no le son propios. Sin encuentro no hay eso común, no hay ese lugar en el que la participación puede tener sentido.

Es claro que el uso de las tecnologías por sí mismo no cambia el escenario cultural del acto educativo, especialmente cuando se ha garantizado la e-reproducción de los rituales, los roles y significados de la escuela analógica. La brecha, como argumentan con vehemencia Dolors Reig y muchos otros, no es tecnológica, es de aprendizaje y participación. En nuestro proyecto ya habíamos adelantado la necesidad de un enfoque de autenticidad, en el que el diseño y especialmente la evaluación puedan ajustarse a la "autorealización de una identidad" y al "logro de autenticidad". Estas nociones, tomadas del trabajo del filósofo Alessandro Ferrara, permiten explorar aprendizajes basados en la singularidad del colectivo y sus individuos, y no en una normatividad externa a su historicidad.


Al mismo tiempo, la realización de una identidad, permitiría -ese es el reto- mostrar casos o ejemplos que sean útiles y valorables en otros contextos y para otras personas. Una co-construcción creativa que pueda estimular a otros (empezando por sus participantes) a desear aprender y crear. Algo que hace tiempo, y antes de los e-learning, los colectivos y redes de docentes habían puesto en la mesa: el acto educativo de un colectivo (una maestra y su estudiante, un grupo, una red) debe valorarse por el saber que produce y no tanto por el que reproduce; por la heterogeneidad que alcanza, y no tanto por la homogenización a la que se somete.

En los contextos institucio-freni-zados que habitamos muchos, no solo es difícil dar a entender la importancia que tiene la identidad, la autorrealización y el encuentro, uno se se las tiene que ver con la sanción y la descalificación: ¿Pero dónde están los contenidos?, ¿Cómo podemos evaluar "eso" si no tenemos criterios iguales para todos?, Antes de ponerse a crear-sentir-pensar los chicos deben aprender lo básico / Antes de ponerse a innovar-sentir-errar los profes deben enseñar lo básico. El error, esa gran brújula del aprendizaje, se teme y es motivo de exclusión como si fuera la peste.

No nos queda más que visibilizarnos entre nosotros mismos, o aceptar que sentimos cosas que para el establisment de la representación del aprendizaje no son visibles (ergo, a veces tampoco para nosotros). 



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